Escultura en la Calle: Los bronces de Henry Moore nos visitan de nuevo

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Henry Moore, Figura reclinada, 1982, Plaza de la Candelaria

  Corrían los años 80, fechas en las que sólo era un infante, pero ya mis inquietos ojos comenzaban a distinguir determinados elementos urbanos que se alejaban de lo común.

  Sobre un pódium de hormigón, descansaba una estructura metálica que parecía tener movilidad propia, según dónde me colocara para contemplarla, la cual, siempre imaginé rodando avenida abajo como parte de un maquiavélico plan pueril de aires genocidas. A unos tantos metros de esta rueda de la muerte −título que rápidamente le adjudiqué−, un grupo, de lo que para mí eran testículos (y no me equivocaba), conformaban un compendio de extraños cuerpos individuales que hacían surgir mi carcajada; lo normal en un niño cuando se mencionan las partes pudentas. Estos, se estipulaban en diferentes posiciones: unos de color rojo pendían mediante sogas de las ramas de los árboles. Otros, en negro, colocados en una ascensión orgullosa sobre unos pilotes pétreos que los hacían inalcanzables a mi tacto.

  También recuerdo ver, en un parque cercano, unos ojos de gato verdes como el botellín de una cerveza que vigilaban mi recreo, en parte ocultos tras las flores y la vegetación diversa.

  Cuando adquirí mayor racionalidad, me di cuenta de que esas “fantasías físicas” eran esculturas. “Arte en la calle” lo llaman, al servicio del goce y la mirada de cualquier persona que pase por sus inmediaciones.

  La máquina de matar a la que antes me refería, es una obra constructivista sin título (1973) que forma parte de la serie Generatrices de Andreu Alfaro. Los símbolos masculinos monócromos son los Ejecutores y ejecutados (1973) del catalán Xavier Corberó. Respecto a la vigilia felina, es una reproducción (1973) del Monumento al gato del surrealista canario Óscar Domínguez, ya que el original está en posesión del vizconde de Noailles, pieza realizada hacia 1952-53.

  Todas ellas son parte del rastro que dejó la I Exposición Internacional de Escultura en la Calle, celebrada en Santa Cruz de Tenerife (España) desde el mes de noviembre de 1973 hasta enero de 1974, y organizada por la Demarcación de Tenerife, La Gomera y El Hierro del Colegio Oficial de Arquitectos de Canarias.

  Cuarenta y tres escultores, entre ellos Pepe Abad, Rubio Camín, Pablo Gargallo y Marino Marini, ofrecieron sus trabajos para enriquecer este gran encuentro de la escultura moderna, expuestos en la vía pública para el deleite del ciudadano.

  Muchas de éstas quedaron para siempre en la capital, siendo la mayoría de ellas abstracciones geométricas, o los móviles recurrentes del arte cinético. Las esculturas, que por los motivos que fueran, no pudieron fijarse permanentemente al pavimento canario, fue voluntad de los artistas el ceder a la pequeña urbe, algunos años después del término de la celebración, sendos ejemplos de sus creaciones en señal de gratitud por llevar a cabo un cometido de estas características que tanto elevan el arte a partir de su democratización.

  Es el caso de la Femme Bouteille (1972-75) de Joan Miró, situada en la actualidad tras su reciente restauración en la Avenida de las Asuncionistas, a un “tiro de piedra” de su lugar original: el Parque Viera y Clavijo, recinto ajardinado que alberga el Teatro Pérez Minik y la iglesia neogótica del Colegio de la Asunción.

  Pues bien. Han pasado 40 años de esto, y la Obra Social La Caixa, no ha dudado en conmemorar el éxito y el impacto que supuso tal evento con la exhibición de siete monumentales realizaciones en bronce del británico Henry Moore (1898-1986) en el centro de la ciudad tinerfeña; tres de ellas se encuentran en la Plaza de la Candelaria, una en la Plaza de España, dos en la Plaza del Príncipe, y la última, en la misma entrada de la sede de la Caja de Ahorros −Plaza del Patriotismo−, Institución patrocinadora junto a la Fundación que lleva el nombre del artista.

  Moore, al igual que Miró, también había hecho su particular obsequio con la entrega del Guerrero de Goslar (1977), situado desde entonces en las Ramblas de Santa Cruz, recostado en su lecho, con el escudo a los pies.

  Robustas formas de mujeres reclinadas, puntos en tensión que no llegan a tocarse produciendo una sensación de vacío, voluptuosas y sinuosas curvas de unas superficies pulidas hasta que fulgura el reflejo del metal, así como descomposiciones y reducciones de hombres con una piel escabrosa como las montañas.

  Esto es Henry Moore en estado puro, y lo podéis ver en Santa Cruz de Tenerife hasta el 1 de diciembre, sin entradas ni horarios; arte público por/para todos.

  Próximamente en Las Palmas de Gran Canaria, Valencia, Bilbao y Sevilla.

David RafaelNoSanzio

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Henry Moore, Formas conectadas reclinadas, 1969, Plaza de la Candelaria

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Henry Moore, Pieza de bloqueo, 1963-64, Plaza de la Candelaria

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Henry Moore, Óvalo con puntos, 1968-70, Plaza del Patriotisto (sede La Caixa-CajaCanarias)

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Henry Moore, Gran figura de pie: filo de cuchillo, 1976, Plaza del Príncipe

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Henry Moore, Figura reclinada en dos piezas, 1960, Plaza del Príncipe

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Henry Moore, Madre e hijo reclinados, 1975-76, Plaza de España

Andreu Alfaro. Generatrices

Andreu Alfaro, s/t, Generatrices, 1973, Puente de las Asuncionistas

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Xavier Corberó, Ejecutores y ejecutados, 1973, Rambla de Santa Cruz

Óscar Domínguez

Óscar Domínguez, Monumento al gato, 1952-53 (réplica de 1973 ubicada en el Parque García Sanabria)

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Joan Miró, Femme Bouteille, 1972-75, Avenida de la Asuncionistas

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Henry Moore, Guerrero de Goslar, 1977, Ramblas de Santa Cruz

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Esta entrada fue publicada el 3 noviembre, 2013 a las 21:39. Se guardó como Arte Contemporáneo, Arte en Canarias, Experiencias, Exposiciones, Historia del Arte y etiquetado como , , , , , , . Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

5 pensamientos en “Escultura en la Calle: Los bronces de Henry Moore nos visitan de nuevo

  1. Lo veremos en Sevilla, sin dudarlo.

  2. Ojalá lleguen pronto… Nos hacen mucha falta! Viento fresco que se mueva entre el bronce de estas estatuas. Un saludo.

  3. Pingback: Enamoorados | félix molina

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