La inevitable estética del circo en las artes

Tattoed Man at a Carnival, 1970

Diane Arbus, Tattoed Man at Carnival, 1970

  El circo: espectáculo de entretenimiento itinerante conformado por los más variados números escénicos, cuyo atractivo se encuentra en la habilidad peculiar de sus integrantes, tanto gimnástica, psicológica, ilusionista, o la mera apariencia física.

  Ha sido fuente de inspiración para la Historia del Arte desde la Antigüedad, aunque la visión moderna que tenemos del mundo circense arrancará en el siglo XVIII.

  Desde las actuaciones de equilibristas, bailarines e intérpretes ante la realeza de civilizaciones milenarias como la griega o la mesopotámica, al bufón del medievo que amenizaba las aburridas jornadas en palacio, son éstas manifestaciones artísticas que con el paso del tiempo han terminado por ser compendiadas bajo un mismo pretexto: divertir y deleitar al público.

  Hoy día, han trascendido las grandes producciones fundamentadas en los efectos visuales de iluminación y el movimiento del cuerpo humano contorsionado o en acrobacia. Sin embargo, quedó para siempre en nuestra conciencia, una cara un tanto sórdida del circo, pues durante la pasada centuria, fue lugar de acogida y reunión de individuos apestados por la sociedad, debido a sus extraordinarias características físicas: la mujer barbuda, el faquir tragasables, los forzudos y el enano disfrazado de payaso.

  Son conocidos como freaks, y en ello tendrá que ver la película de Tod Browning estrenada en 1932, y que llevó por título el mismo nombre (en castellano La parada de los monstruos), atacada ferozmente por la audiencia de aquel entonces, pero que pasadas unas décadas, será reconocida por su originalidad temática y estética.

  A finales del XIX, virtuosos como Touluse-Lautrec (1864-1901) ya recurrieron al circo como modelo para sus obras; un espacio creativo, en el cual, las personas que no entraban en los cánones de la moralidad y las buenas costumbres, podían desarrollar una existencia relativamente normal. La enfermedad infantil que padeció Lautrec, hizo que no alcanzara una estatura respetable, por lo que se sintió cómodo e identificado entre los integrantes de esta carpa trashumante.

  La reproductibilidad de la fotografía hizo que, estos rostros despojados de identidad, fueran los protagonistas de muchos trabajos sobre el papel emulsionado. Los artistas buscaban captar la extrapolación de lo común, y un hombre de metro y medio ante la cámara, pudo ser un fuerte atractivo con el que satisfacer esta necesidad de mostrar que no sólo existe lo ideal y lo placentero.

  August Sander (1876-1964) y, posteriormente Diane Arbus (1923-1971), o Bruce Davidson (1933), son autores que explotarán −en el buen sentido de la palabra− la imagen del desterrado social en sus creaciones. Son retratos puros y directos, frontales, centrados en la personalidad y sentimientos del representado, con sus extravagancias y distinciones, realizando sus demostraciones de talento, preparándose para actuar, o simplemente en su descanso del guerrero.

  Actualmente, el arte sigue nutriéndose del carisma y la seductora apariencia de estas personalidades tan particulares. Los vemos en el cine, la pintura, el cómic y cualquier disciplina.

  Muestra de ello, y en una postura romántica de nostalgia, se encuentra el salmantino Ricardo Cavolo (1982), representante del arte naïf contemporáneo a partir de seres fantásticos e individuos anclados en el pasado, en un trazo tan elegante como sus colores planos y vivos. Cada uno de sus diseños son una historia en sí mismos, participando valores como el amor y la ternura, simbolizados estos con unos corazones de mirada propia que fulguran llamas de pasión.

  Veo en Cavolo una influencia clara de artistas como Henri Rousseau (1844-1910) o Camille Bombois (1883-1970): pintores que en el París de la modernidad elaboraron sus piezas en un estilo compositivo pueril, de perspectiva inocente, como a partir de la mirada de un niño; características personales del artífice que llamaron la atención de las mentes más receptivas a las nuevas propuestas de principios del siglo XX. Aunque su referente más próximo será el outsider de los 70: arte alejado de lo comercial y heredero de Jean Dubuffet (1901-1985) −Art Brut−. La conexión con este modo de expresión la asimilará del polifacético de vida funesta Daniel Johnston (1961), a quien le dedicará una novela gráfica (2013) que narra la cruda realidad y decadencia de este músico e ilustrador a través de un viaje por sus complejos órganos internos.

  Admiro a Ricardo Cavolo desde hace varios años, tatuando en mi piel algunos de sus marineros e iconos de la buena suerte como las herraduras, viendo cómo, y en muy poco tiempo, pasó de colgar en la web sus dibujos sobre lienzo, papel o madera a modo de autodifusión, a ser reclamado por las más diversas ciudades del planeta, con el objetivo de decorar sus calles o establecimientos privados a través de enormes murales ensoñadores. Su salto al estrellato lo supuso el encargo del cartel para el Cirque du Soleil (2011), y desde entonces, no ha parado de cosechar éxitos de crítica, entrevistas para los mass media, y nuevos adeptos en cada rincón del extranjero.

  El circo sigue funcionando, una máquina engrasada de hacer dinero que ha sabido reciclarse según han ido cambiando los gustos de la colectividad. Puede que ya no incluyan como atracción al “hombre más fuerte del universo”, pero continua dejando perplejos a sus consumidores con su arrolladora presencia escénica.

David RafaelNoSanzio

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Henri de Touluse-Lautrec, Equestrienne at the Cirque Fernando, 1887-1888

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Henri Rousseau, The Football Players, 1908

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Camille Bombois (1883-1970), La Parade

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August Sander (1876-1964)

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Cropped circus artists by August Sander (1876-1964)

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Diane Arbus (1923-1971), Sword Swallower

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Diane Arbus, Mexican Dwarf in his hotel room in New York City, 1970

The Human Pincushion, Ronald C. Harrison, New Jersey, 1962

Diane Arbus, The Human Pincushion, Ronald C. Harrison, New Jersey, 1962

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Diane Arbus, Jack Dracula, The full circle, Haper Bazar, 1961


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Bruce Davidson, Palisades, New Jersey. 1958. The Dwarf

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Bruce Davidson, Palisades, New Jersey. 1958. The Dwarf

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Ricardo Cavolo, Cartel Cirque du Soleil, 2011

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Pyrography by Ricardo Cavolo

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Ricardo Cavolo, Gypsy Guy

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Contraportada y portada de El desorganismo de Daniel Johnston, Ricardo Cavolo, 2013

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Esta entrada fue publicada el 18 noviembre, 2013 a las 13:15. Se guardó como Arte Contemporáneo, Crítica de Arte, Historia del Arte, nuevos artistas y etiquetado como , , , , , , , , , , , , , . Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

11 pensamientos en “La inevitable estética del circo en las artes

  1. Me encantó. La pervivencia del circo en el arte moderno está clara. Muy adecuadas las menciones e ilustraciones. El primer cubismo incluso -y pienso también en un Juan Gris-, por ejemplo, tampoco se entiende sin este espectáculo. Gracias por la entrada!

  2. También la etapa rosa de Picasso se caracteriza por las relaciones del malagueño con personajes del mundo del circo: saltimbanquis, arlequines… Muy interesante post, aestheticofart!

    • Tienes razón, pero quería salirme un poco de lo ya conocido, aunque fue inevitable -como el título del post- hacer referencia a clásicos del submundo como Lautrec, al que adoro. Sin embargo, con Picasso tengo una relación un tanto complicada, y no hay personaje de la historia del arte que deteste más que un arlequín. Quizá debería autoanalizarme y buscar el por qué de este rechazo a esa vestimenta de rombos que tanto resquemor me produce jeje
      Gracias por los comentarios, me encanta saber la opinión del lector. Te animo a que continues haciéndolo.
      Saludos!

      • jajaja yo tengo algunos problemillas con Picasso. Como dijo Dalí, “en la vida pueden pasarte dos cosas malas: ser Picasso o no ser Dalí” (jajajaja). Ahora me estoy leyendo una biografía de Dora Maar (artista surrealista y pareja de Picasso largo tiempo) y el malagueño queda muy mal parado. En cuanto a los arlequines, no se qué decirte jaja…
        Saludos!

  3. Era un machista del 15… Reconozco su gran talento revolucionario, pero de la cantidad ingente de obra que tiene, sólo consigue atraparme un 5%… No sé, me parece un señor aburrido que no sabía qué hacer entre porro y porro (compartía camello de hachís con Modigliani jajajaja)
    Respecto a Dalí me parece un grande de los grandes, aunque también discrepe en determinados aspectos de su ideología y vida personal, pero como artista un 10!

  4. Estoy de acuerdo en cuanto a la obra picassiana, me aburre (sin quitarle mérito a sus rupturas en algunos aspectos de la historia de la pintura). Es como Mondrian que me da sueño… Dalí era un grande (aunque un capitalista extremo) pero si tengo que elegir, nadie como Duchamp! hace poco he colgado un post sobre unas entrevistas a Duchamp y también un documental de Dalí que no tiene desperdicio. Estamos en contacto aesteticofart! (me encanta que los post creen debates, es lo que busco para mi blog, gracias por tus contestaciones!)

  5. Tu post sobre las entrevistas a Duchamp también lo leí. Sus propuestas me fascinan, pero en él hay algo oscuro e inquietante que no me permite adorarlo jajaja No me da buena espina su cara, no me preguntes el por qué…
    No dudaré en comentarte todo lo que me surja leyendo tus artículos!!
    Saludos!

  6. Me encantará recibir tus comentarios! Agur!

  7. catalina en dijo:

    Hola. Quisiera saber que bibliografía tienes acerca de la discusión estética del circo en el siglo xx. Gracias 🙂

    • Hola Catalina,

      No he utilizado bibliografía para el artículo, simplemente he hecho un barrido por mi memoria.
      La verdad que no conozco ningún libro acerca del tema en concreto, pero publicaciones sobre los artistas que cito las puedes encontrar en cualquier biblioteca.

      Siento no haberte servido de ayuda.

      Saludos!!

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