Óscar Santasusagna: el simbolismo revitalizador del siglo XXI

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Óscar Santasusagna, Aprendiendo a volar, 2013, técnica mixta sobre papel, 60 x 90 cm

  Óscar Santasusagna podría representar lo que en realidad significan las artes: un medio por el cual, el artista, vuelca sus emociones con un sentido en concreto, el de llegar al espectador a partir de un mensaje −más o menos oculto−.

  Su producción artística viene al mundo para evocarnos las cosas buenas y bellas que tiene la vida, un motor perfectamente engrasado y a punto que nos ayude a olvidar la negatividad y los malos pensamientos. Sus obras son esa luz que aparece al final del túnel, un positivismo gratuito que tanto necesitamos en estos días de crueldad y desidia. Y lo más relevante de estas obras plásticas, no es la vitalidad que nos transmiten sus colores sabiamente utilizados, sino que aún tienen una base de mayor potencia: el compromiso.

  Sí que hay introspección, pues el anhelo de la infancia late en cada una de sus pinceladas, pero existe una preocupación social, una llamada de atención al público de que, por ejemplo, sigan produciéndose absurdas guerras fundamentadas en lo espiritual, o simplemente, una invitación a dimensiones imaginadas que evitan el decaimiento del alma.

  Nace en Barcelona (España) en el año de 1973 y, ya desde niño, siente un especial interés por la creación, ya sea a partir de un dibujo, o de una actividad literaria. Él mismo se definió como un jovencito introvertido durante esas primeras décadas vividas, absorto en sus papeles, transportándolo a universos tan dispares y lejanos como quisiera.

  Su pueril imaginación jamás le abandonó, por lo que decidió tomarse en serio el desarrollar su talento innato. Y el resultado es una obra alejada de los academicismos −sin caer en lo naïf− que nos habla de la nostalgia, de épocas doradas del pasado. Pero también nos revive el presente, pues suele aparecer su círculo próximo como protagonistas, recordándonos que la familia no tiene por qué llevar nuestra misma sangre.

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Óscar Santasusagna, Madame Capel y Monsieur Santasusagna hablando de pintura, entre otras muchas cosas, 2011, técnica mixta sobre tabla entelada, 55 x 46 cm. Colección particular

  Madame Capel y Monsieur Santasusagna hablando de pintura, entre otras muchas cosas (2011), es una perfecta referencia de ello. Fue realizada a partir de una situación real, es más, de la fotografía de ese mismo instante. Su compañera le muestra imágenes de una obra pictórica que se trae entre manos, aunque en el momento captado, parece ser el mismo Santasusagna el que explica algo mediante la palabra, y así, el gesto de su mano lo confirma. Quizá se encontraba emitiendo algún juicio de valoración al trabajo de la muchacha.

  La transformación del original deviene en la indumentaria y el espacio; visten a la manera francesa arquetípica (como es el tejido rayado en blanco y negro de la figura femenina), así como el intento de regresión al París de finales del XIX y principios del XX, cuando los artistas vivían como auténticos bohemios en las buhardillas tradicionales de la arquitectura francesa edificada durante el siglo XVIII. Se rodean de elementos ligados a las artes, acompañados por una amigable taza de café y un gato que se les aproxima sigiloso.

  Es una regresión en el tiempo, una escena cinematográfica que vemos a través de una ventana, convirtiéndonos en espías de la vida privada de los personajes, tal y como Santasusagna desearía hacer con sus admirados maestros del ayer.

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Óscar Santasusagna, Aunque cuenten más mis derrotas, 2012, técnica mixta sobre papel, 90 x 60 cm

  El catalán también utiliza los valores humanos como inspiración. Aunque cuenten más mis derrotas (2012) es un canto al amor y a la amistad. No importa que hayas sido derrotado alguna vez, pues siempre podremos resurgir del fango gracias a ese brazo externo que se posa en nuestros hombros, insuflándonos aliento.

  El púgil vencedor es vanagloriado por los asistentes y la prensa, aún con sus guantes enfundados, mientras que el perdedor se lastima ante la situación, apoyado en las cuerdas, languidecido y golpeado. El albornoz de campeón es una metáfora de su dueño, pues la palabra King, que se puede entreleer en el interior de la deformada estrella, nos relata la historia de un rey destronado y depuesto. La estética rememora los gloriosos 50´s norteamericanos, sin embargo, la mujer que se mantiene junto al desafortunado, adopta una apariencia más próxima a nuestros días. ¿Es una nueva conexión involuntaria del autor entre pasado y presente?

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Óscar Santasusagna, A quienes Dios olvida, 2012, técnica mixta sobre papel, 90 x 60 cm

  Este simbolismo que Santasusagna utiliza como herramienta, llega a su cénit con A quienes Dios olvida (2012), una dura crítica hacia los conflictos bélicos de origen religioso. Es una reinterpretación del Guernica picassiano en el sentido de su denuncia, siendo su mayor engarce la mujer que porta a su hijo fallecido mientras huye de las llamas ocasionadas por las bombas. El Salvador hace su última aparición ante los humanos en el corazón de la pintura; esa luz que encandila a los participantes en señal de abandono, mientras ellos piden clemencia levantando los brazos hacia el cielo, al mismo tiempo que evitan ser cegados por la geométrica divinidad.

  Todo se derrumba, y lo hace desde el centro hacia los lados, tal y como supuestamente Moisés separó las aguas del Mar Rojo para que su pueblo pudiera huir de la opresión egipcia. El suelo, compuesto por parches de colores planos, se ve invadido por objetos que portan un significado, como es el caso de la lira rota, representando el gran deterioro que sufren las artes en tiempos de guerra. Estos elementos dispersados, funcionan como los atributos de deidades primitivas subyugadas, arrojadas por sus portadores como símbolo de rendición. Pese a que las líneas oblicuas nos indiquen la decadencia del lugar, una mujer nos da la espalda en perfecta alineación con el plano, impávida, sin parecer haber sido afectada por la catástrofe, una observadora que queda inmovilizada ante el horror. ¿Somos nosotros mismos, contemplando el obsceno y despreciable paisaje que nos ofrecen las imágenes televisadas de estos enfrentamientos cimentados en lo sagrado?

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Óscar Santasusagna, Siempre habrá un horizonte, 2012, técnica mixta sobre papel, 90 x 60 cm

  En su faceta más optimista, nos anima a convertirnos en mentes inquietas que busquen constantemente nuevas fronteras, actitud encarnada por los marineros –Siempre habrá un horizonte (2012)-. Más que hombres del océano, son aventureros que rastrean el medio acuático con el único propósito de ampliar confines; arribar a tierras desconocidas para ser conquistadas. Es una alegoría de la vida misma, pues navegamos en aguas turbulentas, pero siempre mirando hacia adelante, dejando atrás la bravura de los inestables malos tiempos, intentando alcanzar la orilla que avistamos a lo lejos: la satisfacción del individuo tras el objetivo cumplido.

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Óscar Santasusagna, ¿Y si la historia no fuera como nos la han contado?, 2013, técnica mixta sobre papel, 90 x 60 cm

  Recibe influencias de artífices de la postmodernidad como David Hockney (1937), tanto en el colorido de sus parajes −el tronco de los árboles− y la disposición en el panel de estos. De igual manera, apreciamos su influjo en esa complicidad de los figurantes −sobre todo entre el género masculino (Pintxu y sus compinches, 2013)−.

  También son obvias sus inmersiones en el japonismo, así como en el fauvismo de Matisse y el postimpresionismo, pues son esos mismos subterfugios cromáticos de carácter absolutamente plano que abarcaron los modernos hace más de cien años, dibujando los contornos, haciendo que se formule la obra en su totalidad . ¿Y si la historia no fuera como nos la han contado? (2013) es un claro homenaje a Gauguin y sus experiencias tahitianas. Santasusagna agrega un nuevo trasfondo, pues aclama a la ruptura con tradiciones cristianas que tanta repercusión han tenido, como es la posición de la mujer ante la sociedad actual, pues ya en los inicios de los días, fue la causante de la expulsión del Paraíso descrito por la Biblia, al cometer el pecado carnal. Paralelamente, podría funcionar como una crítica a esos falsos edenes que pintaba Paul Gauguin (1848-1903), pues en realidad, Tahití no era por ese entonces un lugar salvaje donde las jovencitas de la población aborigen se entregaban a los visitantes para satisfacer sus deseos sin el más mínimo reparo, pues el colonialismo trataba con gran desprecio a los habitantes genuinos del insular territorio, por lo que esa imagen de respeto y convivencia que nos muestra el francopolinesio es pura fantasía.

  Esa análoga imaginación, es un recurso inherente a Santasusagna, pues sirve al artista como fuente Castalia −El bloqueo del escritor, 2013−. Nos confirma, con esto, que el individuo no tiene límites, que todos tenemos un talento escondido, dispuesto a ser rescatado para guiar nuestro camino en la existencia.

  Su mejor pieza, Aprendiendo a volar, 2013 (encabezando el texto), se asienta en la búsqueda y realización de los sueños, ya que nunca dejaremos de ser niños mientras tengamos ideales que consumar. Un infante corretea por los prados, estos, dispuestos en línea ascendente, uno sobre el otro, coronados por una construcción rural. El niño abre sus brazos en cruz como símbolo de la libertad ansiada, incluso podemos respirar el aire que llenan sus pulmones. Imita al águila que planea sobre su cabeza, siendo el animal emplumado una proyección de sí mismo. El joven vuela en solitario, viajando con los ojos cerrados a mapas inexistentes a partir de su creatividad interna, aunque en el plano físico se acompañe de un fiel cánido y un compañero de juegos que pierde el sombrero a causa la brisa y el veloz movimiento de su cuerpo. Son esos mismos muchachos que Winslow Homer plasmó en sus lienzos a finales del siglo XIX, a quienes Robert Hughes emparenta en su libro Visiones de América (2001) con el Tom Sawyer decimonónico de Mark Twain. Pero es la combinación de colores lo que verdaderamente nos apresa y seduce, transportándonos a las distantes regiones norteamericanas, pues es el mismo ocre de la sequoia y los verdosos valles del Yellowstone National Park, reforzado con la picaresca de su protagonista, en alusión a la novela estadounidense de pasadas centurias, así como el ave que cierra majestuosamente la composición, tan ligada a estas latitudes.

  La obra de Óscar Santasusagna en su conjunto, es un jaque a la desesperanza, al desasosiego y a la incertidumbre intrínseca del ser humano. Nos reconforta y anima a continuar nuestra senda, a olvidar oportunidades que hayamos dejado escapar o a errores cometidos, quedándonos con los placenteros recuerdos que podemos compartir con nuestro entorno en una sencilla y rutinaria reunión amistosa, en la que discurra la música y las confidencias surgidas con la confianza que estimula la bebida: esos dulces momentos que dan sentido a la vida.

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Óscar Santasusagna, La alegría de vivir, 2013, técnica mixta sobre lienzo, 130 x 89 cm

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Óscar Santasusagna, El puño invisible, 2011, técnica mixta sobre tabla entelada, 60 x 46 cm

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Óscar Santasusagna, El mapa de la felicidad (Paraíso interior), 2013, técnica mixta sobre papel, 90 x 60 cm

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Óscar Santasusagna, El bloqueo del escritor, 2013, técnica mixta sobre papel, 90 x 60 cm

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Óscar Santasusagna, Pintxu y sus compinches, 2013, técnica mixta sobre papel, 42 x 62 cm

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David Hockney, Christopher Isherwood y Don Bachardy, 1968
acrílico sobre lienzo, 83 x 119 in

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David Hockney, Gran Interior, Los Ángeles, 1988
óleo, papel y tinta sobre lienzo, 72 x 120 in

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Paul Gauguin, Arearea, 1892, óleo sobre lienzo, 37 x 30 in, Museo D’Orsay, París

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Winslow Homer, Chasquea el látigo, 1872, óleo sobre lienzo, 30,5 x 50,8 cm., Metropolitan Museum of Art, Nueva York

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Esta entrada fue publicada el 18 diciembre, 2013 a las 19:59. Se guardó como Arte Contemporáneo, Crítica Artística, Crítica de Arte, Historia del Arte, nuevos artistas y etiquetado como , , , , , , , , , , . Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

3 pensamientos en “Óscar Santasusagna: el simbolismo revitalizador del siglo XXI

  1. Menudo descubrimiento. Ya justifica el día de hoy! Vaya color y vaya trazo. Gracias por la presentación, un abrazo!

  2. Pingback: Oscar Santasusagna - Egara|Fine|Arts

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