La visión de la primavera según san Leyendecker

 tumblr_n1m73tItJu1rc0soco1_1280

Joseph Christian Leyendecker, Spring, portada The Saturday Evening Post, 30 de marzo de 1929.

  Según el Instituto Geográfico Nacional −Ministerio de Fomento Español −, la primavera del 2014, y cito textualmente, comenzará el jueves 20 de marzo a las 17h 57m hora oficial peninsular, y obviamente, a las 16h 57m en Canarias.

  A tan solo un día del natural suceso, no hay manera de despedirnos de esas gruesas prendas que ocultan nuestra verdadera anatomía, pese a la tímida elevación de las temperaturas del pasado fin de semana.

  El 30 de marzo de 1929, la revista norteamericana de entretenimiento The Saturday Evening Post publica, como portada, su propia visión de la recién llegada y deliciosa climatología, The Spring (la primavera).

  Más que de la editorial, se trata de la homoerótica mirada de su autor; el gran ilustrador de la prensa estadounidense de por aquel entonces, Joseph Christian Leyendecker (1874-1951).

  Aunque su partida de nacimiento se encuentre en Montabaur (Alemania), con ocho años cumplidos llega a la ciudad de Chicago a causa de un tránsito migratorio de sus progenitores, lugar en el que comienza sus estudios artísticos desde muy temprana edad. El talento prematuro queda demostrado con el logro de su primer empleo como pintor a los 16.

  Tiempo después y, acompañado de su hermano, viaja a París para ingresar en la Julian Academie, donde completa su formación.

  Su retorno a los Estados Unidos será por la puerta grande, asentándose en Nueva York; centro neurálgico del marketing y la publicidad, alcanzando la gloria en los años 20 con sus ilustraciones encargadas de ofrecer productos de todopoderosas compañías, sobre todo las relacionadas con el mundo de la moda (Arrow Collars and Shirts), terminando por marcar la tendencia y estética del estrato masculino norteamericano de esta alocada década.

tumblr_l2a45deLyR1qag9hr

J. C. Leyendecker, campaña para Arrow Collars and Shirts (Cluett, Peabody & Company, Inc.)

  Predecesor del reconocido Norman Rockwell (1894-1978), Leyendecker quiso simbolizar el nacimiento de la primavera a partir de un efebo que parece abandonar un extenso letargo. Su figura está creada a partir de la geometría, al más puro estilo Art Déco: los ángulos rectos para el tronco y los brazos, lo sinuoso de las curvas para glúteos y piernas, rompiéndose el ritmo con la vuelta al triángulo en los pies, y rematado con el óvalo que conforma la testa.

  Está arrodillado sobre un pedestal en el que se inscribe su denominación, dejando claro quién es el personaje, tal y como la Palas Atenea (1898) de Gustav Klimt refuerza su distinción vinculada a la Sabiduría a partir del grabado de su epíteto en la parte superior del dorado marco (creo recordar que éstos eran obra de su hermano). Estira sus músculos en dirección ascendente, ya que habían quedado entumecidos tras una siesta de varios meses, y va vestido a la manera del cliché deidad clásica, adaptando su pagana estola, el taparrabos y las sandalias, a la apariencia del vigente Art Nouveau.

  En mi opinión, lo que pretende Leyendecker, es crear una nueva divinidad griega asociada a las transformaciones del paisaje que nos aporta la naturaleza, eso sí, bajo sus preceptos. Consigue aunar en una sola representación, diferentes personificaciones procedentes de la mitología helena, aparte de tirar por tierra la establecida imagen femenina de la primavera, afianzada desde el Renacimiento con la célebre obra de Botticelli.

  En esta ocasión, la estación primaveral es un ser masculino, concretamente un Apolo, dios del sol, el cual transporta en su carro tirado por caballos de fuego a través de los cielos, llevando la luz del día a cualquier rincón del planeta. No es de extrañar, que en la literatura antigua aparezca apodado como el que todo lo ve, y si no, recordemos que fue el encargado de “pegar el chivatazo” a Hefesto (y al resto del Olimpo), para descubrirle el engaño amoroso que su esposa −Afrodita− perpetraba, recostada entre los brazos de Ares. También reconocemos a Apolo por la rubia y ondulada −pero corta − cabellera (normalmente suele ser representado con unos rizos algo más crecidos, símbolo de juventud), aparte de la lira que apoya en su extremidad, abrazando su melodía como señor de las artes, líder de las Musas.

  Asimismo, se ve rodeado por la fauna y la flora que se revitaliza con su presencia, un aspecto ligado a la hermana de Apolo, la casta Artemisia, responsable de las vírgenes que mantienen su celibato bajo la protección de los bosques, conviviendo con toda criatura que habita en estos lares, como puede ser el ciervo: atributo de la diosa en su versión cazadora, experta en el tiro con arco, habilidad que comparte con su prójimo.

  Tanto los animales como la encapullada vegetación, asisten a un acto sacralizado. Son testigos del brote de un ente superior, fijando su atención en el protagonista, quien reproduce los gestos desadormecedores de Afrodita sobre la venera; pasaje mítico adoptado numerosas veces por la Historia del Arte para reproducir el traslado de la diosa del amor carnal a la costa, momentos después de su engendramiento a partir del semen de Urano y la espuma del mar.

  No debemos olvidar la conexión triple entre estaciones del año, Deméter y Perséfone, ya que estas dos últimas son las causantes de los ciclos temporales de la Tierra. Durante el otoño y el invierno, Perséfone permanece en el Averno junto a Hades, por lo que su madre, Deméter −deidad ctónica, es decir, vinculada al subsuelo: la fertilidad−, queda tan entristecida que la naturaleza no es capaz de florecer, permaneciendo inerte y fría hasta la llegada de su hija. Cuando Perséfone regresa, la alegría de poder estar de nuevo juntas, es tan desbordante que los campos se llenan de trigo y los demás cereales y frutos con los que el humano puede alimentarse. Todo cuanto posee vida se vuelve a regenerar, permitiendo la continuación de las leyes de la existencia.

  Esta miscelánea de pasajes míticos en una exquisita forma modernista, no son los únicos aspectos que hacen de la ilustración de Leyendecker una pieza del arte del diseño más que interesante. Fijémonos en su fecha de creación y edición; marzo de 1929, meses antes del fatídico octubre que supuso la crisis económica más literalmente negra de la historia de los Estados Unidos, el resultado de años de especulación, la entrega de créditos a cualquiera que se pasara por el banco, la superproducción y el agravante de éste; la baja demanda.

  Así, nuestra ¿varonil? efigie analizada, funciona como un canto de cisne, el momento álgido de una sociedad justo antes de ser abatida y destronada. Incluso su brazo y mano derecha se transfiguran en el perfil de esta ave tan simbólica, de estilizado cuello y exhuberante pico.

  Podríamos seguir macerando la imagen hasta obtener todo su exótico jugo, pero para ese entonces, la atractiva versión primaveral leyendeckeriana ya habrá emergido de entre las capas de hielo que el proceso hibernal dejó a su rastro, y no quiero que esto se produzca sin darle antes un consejo: amigo, desde donde vengas, asegúrate de traer contigo sendas felinas pieles con las que cubrir, por lo menos, tus fornidos hombros.

David Rafael NoSanzio

9231006

J. C. Leyendecker, Egyptian Queen, portada The Saturday Evening Post, 6 de octubre de 1923

9240216

J. C. Leyendecker, St. Valentine, portada The Saturday Evening Post, 16 de febrero de 1924

9340707

J. C. Leyendecker, Statue of Liberty, portada The Saturday Evening Post, 7 de julio de 1934

happ

Norman Rockwell, Happy Birthday, Miss Jones, portada The Saturday Evening Post, 17 de marzo de 1956

9550416

Norman Rockwell, Art Critic, portada The Saturday Evening Post, 16 de abril de 1955

ateneaklimt

Gustav Klimt, Palas Atenea, 1898. Óleo sobre lienzo, 75 x 75 cm. Museo Histórico de la ciudad de Viena (Austria)

primavera

Sandro Botticelli, La Primavera, 1477-1482. Temple sobre tabla, 2.03 x 3.1 m. Galería Uffizi (Florencia)

Anuncios
Esta entrada fue publicada el 19 marzo, 2014 a las 11:21. Se guardó como Arte Contemporáneo, Arte en Estados Unidos, Crítica Artística, Crítica de Arte, Historia del Arte y etiquetado como , , , , , , , , , , , , , , . Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: