La reinterpretación del modelo: El retrato triple en el Arte Contemporáneo

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Francis Bacon, Tres estudios de Lucian Freud, 1969. Vendido en subasta el pasado año por 142, 4 millones de dólares

  El retrato, es una de las tipologías artísticas de mayor peso en la Historia del Arte, utilizada ya desde el Mundo Antiguo como símbolo de eternidad, ya que el protagonista quedaba en el plano físico para siempre, proyectando su imagen como un ente a ser recordado por la labor emprendida durante su existencia.

  El idealismo del arte egipcio, regido por los cánones inmutables que tanto admiraba Platón, quedó en el olvido con la instauración del realismo en el Imperio Romano (República), siendo los bustos de carácter privado (es decir, los realizados por y para la familia del fallecido −imagines maiorum−) elaborados a partir de una máscara de cera del mismo difunto, arrugas e imperfecciones de la piel incluidas, y emplazados en una zona específica del hogar −lararium− para ser rememorados y respetados por sus descendientes, teniendo que hacerles ofrendas diarias si no querían que el espíritu alterara la paz de la residencia.

  En los siglos más próximos al actual, el retrato sigue manteniendo esa conexión con lo eterno, conservando igualmente el aspecto de rango social, pues es obvio que, una persona de escasos recursos, no puede permitirse económicamente el encargo a un artista de la plasmación de su efigie en un lienzo, y mucho menos en la piedra.

  Digamos que es el antecedente más directo de la fotografía, y prueba de ello es el intercambio de pinturas que antaño se realizaba entre las casas reales europeas, las cuales, representaban a los jóvenes herederos con el propósito de unirlos en matrimonios concertados. Para que por lo menos, estos príncipes o princesas, tuvieran una idea de con quién iban a pasar sentado en el trono el resto de sus días.

  Hace poco leí un artículo sobre Retratos flamencos en la corte inglesa  (http://alcanfordelasinfantas.wordpress.com/2014/03/22/retratos-flamencos-en-la-corte-inglesa/), post en el que se expone como ejemplo visual adjunto el Retrato triple de Carlos I de Inglaterra (1635), reportándome a la memoria el interés que me suscitó esta enigmática obra años atrás.

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Anton van Dyck, Retrato triple de Carlos I Estuardo de Inglaterra, 1635

  ¿Por qué van Dyck multiplica al monarca para ofrecernos tres facetas distintas de su rostro? La respuesta es más que sencilla.

  El detalle es esencial en esta pintura, pese a que su autentica función sea la de un estudio previo, pues estos retratos triples eran enviados a los escultores predilectos que habitaban lejos de las fronteras del interesado, con el objetivo de llevar a cabo un busto conmemorativo en tres dimensiones.

  Anton van Dyck (1599-1641) nos muestra el frente y ambos perfiles, quedando el cuerpo limitado hasta los hombros, el pecho y el entrecruzado de los brazos. La escultura estaría diseñada para ser vista frontalmente, o como mucho, desde los laterales, nunca desde atrás, haciendo innecesaria la vista trasera en el plano pictórico.

  El retrato se hace sobre tela; soporte fácilmente transportable −cuando aún está sin enmarcar−. Su destino será Roma, ciudad en la que reside Gian Lorenzo Bernini (1598-1690) en estos momentos, cincelador del mármol encargado de concluir el proyecto, lamentablemente hoy destruido, conservándose algunas copias no exactas.

  Supuestamente, Roma fue también la dirección del Retrato triple del Cardenal Richelieu (1642), esta vez desde París y surgido de los pinceles de Philippe de Champaigne (1602-1674). La información sobre el mañoso de la roca que transformaría la pintura en un objeto de bulto redondo, es un tanto confusa, pues algunas publicaciones señalan a Francesco Mochi, pero no he encontrado entre su producción ningún Richelieu. El conservado en el Museo del Louvre está atribuido a Bernini, datado en 1641; un año antes que la pintura de Champaigne, aunque casualmente guardan un parecido prácticamente exacto, tanto en la faz como en la vestimenta, pese a que puede tratarse de un traje oficial, por lo que la pista de la indumentaria no debería ser vinculante. Prometo sumergirme en la biblioteca para tratar de solventar este entuerto, ya que esto debe de estar investigado. Si conocéis el dato, me encantaría que lo compartierais.

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Philippe de Champaigne, Retrato triple Cardenal Richelieu, 1642

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¿Gian Lorenzo Bernini?, Busto Cardenal Richelieu, 1641, Museo del Louvre (París)

  A la exacerbada y desglosada fisionomía de estas estampas, se une el aspecto psicológico, ya que con un simple vistazo podemos intuir ante qué tipo de persona nos encontramos, algo esencial para el Barroco: arte fundamentado en las emociones y los sentimientos, de rápida comprensión incluso por el iletrado.

  Está claro que el uso de estas pinturas de tres puntos ha quedado obsoleto en la contemporaneidad, sin embargo, los artistas continúan utilizando este recurso de innegable atractivo visual.

 Imposibles de no mencionar son los trípticos de Francis Bacon (1909-1992), como el dedicado a su amigo Lucian Freud en 1969. No es un único lienzo, sino tres pinturas independientes que, al juntarse, llegan a truncar la personalidad del señor Freud. Aparece en su habitación, pudiendo distinguir el cabecero de su lecho, sustituido éste último por una silla de pie curvilíneo, tal y como van Gogh ideó el reposo en madera de Gauguin (1888), en la que Lucian aparece cómodamente sentado. Las formas geométricas que delimitan el habitáculo, dividen el rostro cual planteamiento cubista, ofreciéndonos frontis y tres cuartos al mismo tiempo.

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Francis Bacon, Tres estudios de Lucian Freud (detalle), 1969

  Ya no existe la finalidad escultórica, sino que son reminiscencias a los grandes maestros del pasado. La partición de una misma persona en el plano aporta un halo de misterio y una fuerza expresiva incuestionable, por lo que no es de extrañar que haya sido acogido como temática por los modernos, quienes citan estos retratos triples de antaño como fuente de inspiración.

  La intención ha variado con el paso de los siglos; desde Lorenzo Lotto con su orfebre (1530), hasta Kehinde Wiley (2007), donde un supuesto Carlos I de origen africano promociona moda urbana, perdurando el efecto de heterogénea identidad en un mismo sujeto. Sería harto sugestivo aplicarlo a una caricatura periodística que personifique a nuestros políticos.

  Con un sencillo repaso, nos damos cuenta de que el arte ha sabido adaptar el modelo a sus propósitos, un producto del genio y creatividad del artífice.

  Me pregunto cómo será la versión que rescate la performance del siglo XX de aquí a unos 300 años…

David Rafael NoSanzio

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Grupo funerario Catón Y Porcia, siglo II d. C. Mármol. Museos Vaticanos. El peinado de la esposa sitúa a la escultura en el período de Adriano

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Lorenzo Lotto, Retrato triple de orfebre, 1530

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Gilbert Stuart, Retrato triple Elizabeth Patterson Bonaparte, 1804

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Norman Rockwell, Autorretrato triple, 1960

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Keith Cottingham, Retratos Ficticios (Triple), 1993

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Susan Crawford, Retrato triple Príncipe Carlos, 2000

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Kehinde Wiley, Retrato triple de Carlos I, 2007

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Anthony Greentree, Autorretrato, 2012

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Vincent van Gogh, Silla de Gauguin, 1888

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Lucian Freud, Retrato del Barón Thyssen-Bornemisza (detalle), 1981-82

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Esta entrada fue publicada el 31 marzo, 2014 a las 19:35. Se guardó como Arte Contemporáneo, Historia del Arte y etiquetado como , , , , , , , . Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

4 pensamientos en “La reinterpretación del modelo: El retrato triple en el Arte Contemporáneo

  1. Enhorabuena por el excelente artículo y análisis. Un saludo.

  2. Como siempre: exhaustivo, original y brillante. Y mueve cuando menos a una reflexión: que la creatividad no tiene épocas. Ni géneros. Cómo algo en apariencia tan “clásico” (por resumir) como el retrato puede instalarnos en una interpretación -un cuestionamiento casi, no?- sobre la esencia misma del arte y la figuración. Qué es lo que se representa cuando se representa? Gracias siempre por estos artículos, un abrazo!

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