DIANE ARBUS: EL BESTIARIO CIVIL DE LA EDAD MODERNA

Patriotic young man with a flag, N.Y.C. 1967 Gelatin silver print, printed Diane Arbus

Diane Arbus, Patriotic young man with a flag, New York City, 1967

  La fotografía del siglo XX, se caracterizará por la pureza intencional del autor; obsesionado por algo tan complejo como conseguir la plasmación del Yo más íntimo a partir de la apariencia física. Nuestro cuerpo ofrece posibilidades infinitas de expresión, por lo que no es de extrañar que, nosotros mismos como sujetos, hayamos sido fuente inspiradora primordial para cualquiera de las artes, aunque en ello también tendrá que ver el ego innato de la especie.

  La realidad pasa ante nuestros ojos sin poder ser retenida en su amplitud, pues la memoria, es una máquina perfecta de selección de circunstancias, permaneciendo, no siempre, lo estrictamente codiciado, a la vez que desechamos cualquier dato irrelevante para la construcción de la particular personalidad y conocimiento.
Esta visión subjetiva gira en un eterno vórtice que cautiva nuestras reflexiones, siendo la captación de instantáneas una actividad esencial para poder estudiarla y analizarla detenidamente.

  Salir a su encuentro, será un recurso inherente para muchos artífices, tal y como August Sander (1876-1964) o Walker Evans (1903-1975) retratarán al proletariado de principios de la pasada centuria, táctica que continuará como estrategia durante las décadas posteriores. Prueba de ello son los clichés de la sociedad norteamericana obtenidos por Robert Frank en The Americans; publicado por primera vez en 1958.

  Diane Arbus (1923-1971) abandonó el mundo de la moda para hacer con su cámara lo que siempre había querido: representar el mundo y a quienes lo habitan con la más absoluta veracidad, siendo su piedra angular el rostro del individuo.
En su trabajo vemos la influencia acaecida desde el maestro, en este caso, otra mujer, Lisette Model (1901-1983), quien ya había explorado la vía pública en busca de esta misma pretensión registradora.

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Lisette Model, Woman with veil, San Francisco, 1949

  Parece que la existencia de Arbus fue un tanto sórdida, y así lo demuestra en sus proyectos y en su fallecimiento concertado. No le interesaba el ideal, la perfección o el canon establecido, ya que su olfato le guiará por otros derroteros completamente distintos, convirtiéndose su cometido, en un variopinto catálogo que bien podría tratarse como recurso creativo para los actuales cineastas en cuanto a la construcción de personajes del psycho-terror, tal y como estos acudieron con el mismo fin a los bestiarios medievales en los albores del Séptimo Arte, plagados de seres fantásticos y caprichosos.

  Enfermos mentales y disminuidos, damas extravagantes, transexuales y transgéneros, aparición de antifaces o los meros rasgos, son todo ello herramientas que Arbus utilizará para desarrollar su talento psicológico y artístico a través del objetivo.

   Juega con la fisionomía de los protagonistas, haciendo uso del flash de día −algo relevante en su momento−, coqueteando con las luces y las sombras. Éstas, generan alteraciones que desvirtúan el original, cambiando por completo el sentido y estética de la fotografía.

  Es aquí donde reconocemos la manipulación, pues Diane Arbus selecciona el cénit de lo grotesco para sus propuestas finales. Ejemplo de ello es el conocido documento que lleva por título Child with toy hand grenade in Central Park (Nueva York, 1962), en la cual, la inocencia de un niño se ve truncada, debido a la forzada gesticulación facial y el temible objeto que porta en su mano derecha. La granada, pasa de ser un simple artículo infantil a un arma mortífera en cuestión de segundos, pues a través de la pueril mueca, la sensación de encontrarse ante un engendro irracional que podría detonar el artefacto de un segundo a otro, hace saltar las alarmas de nuestros instintos más primitivos, como puede ser el de la supervivencia. Incluso trataríamos de huir del espacio abarcable por la posible onda expansiva si no se tratara de una percepción estática.

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Diane Arbus, Child with toy hand grenade in Central Park, New York City, 1962

  Sus retratos obedecen a los estatutos frontales, pues es la faz en su totalidad, no la reducción de ésta, el elemento que mayor información puede transmitirnos. Así, capturó a personajes del circo como el faquir (The Human Pincushion, Ronald C. Harrison, New Jersey, 1962), mostrando una actitud impasible ante el efecto de las agujas que ensarta en su piel. O mujeres atrapadas en una complexión varonil que trastocan su estado genuino con los productos químicos del maquillaje.

  Cindy Sherman (1954), una de las artistas más solicitadas en el mercado del arte de hoy día, acudirá al disfraz en un intento de aproximación a las estrellas de Hollywood y su carácter semidivino; un ejercicio camaleónico publicado bajo el nombre de Untitled Film Stills (1977-1980), peinándose y vistiendo como estas glorias del celuloide de los años 50 y 60, en una práctica de imitación del estereotipo instalado en la comunidad global: féminas sensuales, agresivas y cautivantes a la vez, pero enclaustradas bajo normas estilísticas un tanto machistas, como los opresivos sostenes fabricados con materiales inconvenientes que ensalzan la opulencia de sus pechos, dejando de lado el confort necesario para la ajetreada modernidad.

  Arbus sugiere lo contrario; despojar a la persona de toda barrera óptica que pueda perturbar la solución imaginada, aunque −al igual que Sherman− esté provista de algún objeto o ingrediente añadido en forma de cosmético que lo adultere. No pretende plagiar un comportamiento o modo de vida reconocible, sino revelar las cosas tal y como son a partir de la sinceridad que ofrece lo rutinario, por muy extrapolado que pueda resultarnos el motivo.

  La cara actúa como una máscara que oculta y visibiliza en las mismas proporciones; puede alejarnos de lo que no queremos ser, al mismo tiempo que es capaz de representarnos en todo nuestro esplendor, pese a no ser nuestra pretensión. Asimismo, funciona metafóricamente como una carta de presentación. Es una fachada que podemos disimular o restaurar, revestir o manifestar con claridad, aunque siempre emitirá un mensaje que surge desde el interior, sin claves ni tapujos, quedando descubiertos materialmente nuestros propósitos y posturas en relación a quién, y lo que nos rodea.

  Dicen que son los ojos los que desmantelan el engaño, y es en esto en lo que se fundamenta Diane Arbus para sus microfilmes. Somos capaces de mentir con las palabras y los gestos, pero resulta imposible mantener el embuste de forma perenne, ya que la expresión de las facciones termina por delatar nuestros auténticos pensamientos.

David Rafael NoSanzio

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Diane Arbus, The Human Pincushion, Ronald C. Harrison, New Jersey, 1962

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Diane Arbus, A young man in curlers at home on West 20th Street, New York City, 1966

August Sander - rostros de nuestro tiempo 1929

August Sander, Rostros de nuestro tiempo, 1929

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Walker Evans, Campesinos, Alabama, 1936

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Robert Frank, The Americans, 1958

Untitled Film Still No.54 1980 Black and white photograph 40.6 x 50.8 cm sherman

Cindy Sherman, Untitled Film Stills nº54, 1980

Más imágenes de Diane Arbus:

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Diane Arbus 7

Mujer con sombreo de rosas.

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2 pensamientos en “DIANE ARBUS: EL BESTIARIO CIVIL DE LA EDAD MODERNA

  1. Anónimo en dijo:

    Sabía de Sherman pero no de Arbus, vaya descubrimiento!!! Qué fuerza en las imágenes…

  2. Sabía de Sherman pero no de Arbus, vaya descubrimiento!!! Qué fuerza en las imágenes…

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