¿La envidiable salud del mercado artístico?

Number-19-1948-by-Jackson-Pollock

Jackson Pollock, number 19, 1948. Vendido el 15 de mayo de 2013 por más de 58 millones de dólares americanos. Christie’s – Nueva York.

  La frase que funciona como título de este texto, ha sido rescatada de la Editorial de una revista española especializada en el amplio mundo del arte, cuyo nombre no desvelaré, pues no tiene relevancia alguna. La versión original de dicho enunciado, aparece en el papel couché como rotunda afirmación, siendo agregados por nuestra parte los signos interrogantes.

  En esa redacción del editor, y como método introductorio al contenido que el lector puede encontrar en el número del mes de abril, se nos aporta información sobre los buenos resultados del mercado del arte, en cuestión a lo recaudado por las grandes casas de subastas durante el pasado 2013, apuntando datos insólitos con respecto a la venta de obra gráfica −el dibujo−. Algo tiene que ver en esto la potente entrada de los chinos en los circuitos del mercado internacional, quienes valoran esta disciplina por encima de otras muchas. Pese a que la reina de los salones sigue siendo la pintura, la fotografía, poco a poco, también comienza a despuntar.

  Las cifras se elevan, adjuntando al total recaudado la liquidez que aportaron ciertas piezas de precios astronómicos, y los nombres de sus autores ya son viejos conocidos en estos círculos: Andy Warhol, Jackson Pollock y Francis Bacon. Asimismo, se cita a la casa Christie’s como la auténtica benefactora de este auge explosivo del arte como fondo de inversión, cuya sede neoyorkina se embolsó más de cuatrocientos millones de euros en una sola jornada.

  Todas estas referencias son reales, proporcionadas por la reconocida plataforma Artprice, por lo que no tenemos nada que objetar. Lo que nos “chirría” es esa confirmación de “la envidiable salud del mercado artístico”, y la podemos aceptar, pues sabemos que el editor se refiere únicamente a los circuitos de gran envergadura, véase Sotheby’s y su prima hermana antes mencionada, pero echamos de menos una muestra de apoyo a todas esas medianas y pequeñas galerías españolas que agonizan, al no ver una transacción de importancia desde hace ya bastante tiempo.

  Las que no han sido ya clausuradas, están a punto de colgar el cartel de out of business en sus fachadas, pues el cliente de estos centros, ha pasado a invertir la totalidad de su mísero sueldo −fruto de las crueles reformas laborales− en las facturas que genera el hogar.

  Para el coleccionista medio, el arte ha pasado a ser un capricho, una imaginación y un deseo de satisfacción. Pero solo eso, algo que contemplamos desde la lejanía, que quizá pudiese volver a nuestras manos en un futuro no muy inmediato.

  Se supone que el porcentaje de los impuestos en España por compra/venta de obra artística, ha sido igualado al de otros países europeos, reduciéndose del 21 al 10%. Esto está muy bien, pero el que se sigue aprovechando de ello es el magnate, el que posee solvencia suficiente para adquirir, por ejemplo, un Miró, y que pensaba adjudicárselo de todas formas, sea cual fuere el gasto extra que el Estado reclamase por la transacción.

  ¿De qué sirve esta medida si al pobre desgraciado de a pie no se le incrementa la nómina? ¿Pretenden que el capital se estimule? ¿Qué capital muy señores míos?

  El error viene desde más abajo, concretamente de sus cimientos. Un fallo en el sistema que jamás podrá ser subsanado hasta que esta sociedad corrupta y sin valores se “queme a lo bonzo”, para resurgir de sus cenizas con unos nuevos estamentos y propósitos. Y si los primeros en hacerse el harakiri es la clase política, quedaríamos bastante satisfechos. Entendamos esa táctica japonesa ancestral como una metáfora de la dimisión, por supuesto.

  A nuestro pesar, no creemos que el mercado del arte disfrute actualmente de una salud de veinteañero, ni que la suculenta recaudación de 2013 represente un avance hacia un verde prado en el que todos podamos corretear cual prefacio del edén prometido. Más bien todo lo contrario; es otro granito de arena inyectado a esa burbuja irreal que supone este campo de hienas, donde los límites del ridículo hace ya mucho que fueron rebasados.

  Esto es un llamamiento a la prensa, no solo a la específica de las artes, pues se supone que incluso los noticiarios televisados tienen estipulado un abanico de minutos dedicado a la cultura, aunque muchas veces ésta se confunda con el arrojamiento de una cabra desde el campanario de la iglesia del pueblo.

  La cara B de todo asunto debe ser desvelada, si no, es imposible que se trate de buscar una solución.

¿Por qué lo llaman mercado cuando realmente se trata de un self-service de la jet set?

David Rafael NoSanzio

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Esta entrada fue publicada el 13 mayo, 2014 a las 21:00. Se guardó como Arte Contemporáneo, Arte en Estados Unidos, Crítica social, Historia del Arte, Mercado del Arte y etiquetado como , , , , , . Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

5 pensamientos en “¿La envidiable salud del mercado artístico?

  1. LaVulpes en dijo:

    me gusta la pregunta final! mucho!

    • Tristemente, una realidad como un castillo. A veces me pregunto si yo sería capaz de caer en ese absurdo juego en el caso de tener una boyante cuenta corriente… Ni la bomba de Hiroshima ni la enfermedad; el dinero es la peor epidemia que existe desde que los romanos dejaron de pagar con sal…

      • LaVulpes en dijo:

        totalmente de acuerdo… yo me pregunto quien fue el idiota que acuno la primera moneda, condenandonos a todos…

  2. Yo hace tiempo que también vengo pensando, David Rafael, que el mercado es “su” mercado (de ellos). Casi siempre encuentro además una acentuada divergencia entre el coleccionista que tengo en la mente y los coleccionistas que encuentro en los periódicos. Esa faceta muchimillonaria del arte me deprime bastante. Al menos internet permite hoy el disfrute del arte (con sitios como este) a muchísima más gente de la que puede conocer una galeria, o incluso un museo, en toda su vida como edificio (ya lo sé, sí, no es lo mismo…) Gracias por la entrada, necesaria como siempre.

  3. Si la burbuja de la construcción explotó, ésta tambien lo hará… Y cuanto más arriba, peor es la caída… Veremos en qué acaba toda esta locura…
    Gracias por tus comentarios, como siempre

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