Resaca del 4 de julio

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Jasper Johns, American Flag, 1954. MoMa Collection

  Creo que ya han parado de retumbarnos los oídos. Es lo que tienen los fuegos artificiales.

  La jornada de ayer, Día de la Independencia estadounidense, dejó las redes sociales teñidas de rojo, azul y blanco; pigmentos en los que sobresalen una serie de barras y estrellas que dirigen nuestra mirada hacia la supuesta libertad.

  ¿Primera Potencia Mundial? Esto ya hace tiempo que se pone en duda, pero qué más da.

  Su cultura sigue causando adeptos y detractores a lo largo y ancho del planeta. A nadie deja indiferente su potente influencia internacional, simulando a una esponja que absorbe el “líquido” en la misma intensidad con la que luego, éste mismo, es propagado a su forma y antojo.

  Típicos y tópicos lo circundan: la arquitectura en vertical, la música Country, el ritmo afroamericano en el Mississippi, las Rocosas y el Monte Rushmore, el cowboy y el sonido que emiten las espuelas de sus botas al caminar de espaldas a su oponente como premonición de un duelo. El nativo y el invasor, sus presidentes convertidos en iconos pop, Hollywood cual firmamento de heroes y heroínas clásicos, el Capitán América y el sensual canon de las pin up girls. El sensacionalismo televisado, las oportunidades y los sueños, lugar del emigrante y el artista exiliado, cuna de la neovanguardia y eje artístico de la segunda mitad del siglo XX.

  Aquí todo es “a lo grande”: la comida, las ciudades, los paisajes, los movimientos sociales, la extensión territorial y el patriotismo.

  ¿Qué condimento secreto tendrá este país para, literalmente, enganchar a sus defensores? ¿Qué hace que el contemplar una bandera americana produzca un placer estético −y que se lo digan a Jasper Johns− y, sin embargo, el identificar los colores del blasón español en el cuello de una camisa nos derrite la retina?

  ¿Qué es esa sensación de estar dentro de una película cuando paseamos por las avenidas más emblemáticas de la Gran Manzana? ¿Qué tendrá de especial el sol de California que invade las obras de Hockney de una luz tan particular? ¿En qué hermandad de siglas griegas hubieramos ingresado en el caso de haber cursado los estudios en una universidad yanqui?

  ¿Por qué nos enamoramos de un lugar en el que existe la pena de muerte y las licencias de armas de fuego se reparten en la tómbola?

   Que alguien nos lo explique, por favor.

  Podríamos estar haciéndonos preguntas hasta que, tal y como Astérix y Obélix predijeron, “el cielo caiga sobre nuestras cabezas”. Mejor vamos preparando el equipaje y las dilucidamos por nosotros mismos…

  See you soon Spain

David Rafael NoSanzio

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Esta entrada fue publicada el 5 julio, 2014 a las 11:46. Se guardó como Arte Contemporáneo, Arte en Estados Unidos, Crítica social, Experiencias, Historia del Arte y etiquetado como , , , , , , , . Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

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