The Joker: Why so serious? Tim Burton VS Christopher Nolan

 

  Reconozco que jamás me han gustado los payasos, y no me refiero a la profesión, sino al icono de peluca rizada y zapatones que ha quedado para la posteridad.

  Tampoco es miedo, ya que no me incluyo en ese amplio sector de la sociedad que siente pavor con tan sólo ver su representación en muñeco de trapo, a no ser que se trate de la afilada mueca del aparecido en It (1990): película que adapta la novela de Stephen King.

  El rechazo deviene por su estética, el mismo repudio que siento por los rombos blancos y negros del “arlequín” y su impronta nostálgica remilgada venida de otra época. Quizá, demasiado romántica.

  Pero siempre hay excepciones, y si dirigimos nuestra mirada hacia el cómic, nos encontraremos con uno de los villanos más temidos y característicos de la esfera de los “superhéroes”: el siempre elegante Joker.

  Surgido en las entrañas de la DC Comics, es el sempiterno enemigo de Batman desde los inicios de la historieta, concebido como su antítesis. Asesino peligroso, tanto para los que simbolizan el bien, como para los que, como él, desempeñan el mal.

  Jerry Robinson (asistente de arte), Bill Finger (guionista) y Bob Kane (dibujante), son los creadores del Joker, e influenciados por la imagen del actor Conrad Veidt en El hombre que ríe (1928): película muda del director Paul Leni, construida, a su vez, a partir de la adaptación del libro The Man Who Laughs (1869) de Víctor Hugo.

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Conrad Veidt en The Man Who Laughs, Paul Leni, 1928

  Su primera aparición como personaje de cómic será en Batman nº1, allá por el año de 1940. La historia de la vida y origen del Joker, es decir, antes de convertirse en éste, nunca ha sido confirmado, lo que crea, aún más, una especie de misterio que ha terminado por convertirse en mito.

  Supuestamente, el Joker fue un trabajador de planta química industrial despedido, por lo que planea un robo en su antigua empresa como venganza. Además, debe mantener a su pareja, que se encuentra encinta, pero es sorprendido por Batman durante el asalto a las instalaciones y, al intentar huir, cae en un depósito de productos abrasivos, dejándole el rostro blanquecino, la sonrisa desfigurada y el cabello verdoso. Esta es una narración aparecida en Batman, The Killing Joke (1988) de Alan Moore, posiblemente rescatada de una historia similar sobre la biografía del Joker en Detective Comics #168 (1951).

  Nacido como un psicópata, capaz de hacer cualquier cosa que provoque el sufrimiento de sus víctimas hasta que, la Comics Code Authority estadounidense, lo convierte en un simple y molesto burlón a mediados de los 50, olvidando la extrema violencia del pasado, para posteriormente resucitar su fiera faceta ya en los 70.

  La personalidad del payaso está ligada con la vida de Batman (Bruce Wayne); una relación odio/compasión. Necesitan uno del otro para existir, personificaciones del yin y el yang que tratan de convencerse, continua y mutuamente, de cruzar al lado moral opuesto.

  Fuera de los cómics, el Joker aparece en series animadas y de televisión, como Batman: The Series, donde el actor César Romero hace las veces del temido clown, pero en esta ocasión, en un tono humorístico que se aleja bastante de su verdadero y malicioso carácter primigenio.

  Sin embargo, será el cine la disciplina artística que catapulte al Joker a la cultura global, y para su análisis, qué mejor que extraer del firmamento hollywoodiense a dos interpretaciones destacables acaecidas en un par de filmes, cuya trascendencia ha sido más que exitosa: la de Jack Nicholson en Batman (1989) de Tim Burton y, cómo no, la de Heath Ledger en The Dark Knight (2008) de Christopher Nolan.

  Ambas producidas por la compañía Warner, y pese a abordar la misma temática y provenir de la análoga fuente, sus creadores diseñan e imaginan sus versiones de una forma tan distinta como lo pueden ser una escultura de Bernini y otra del moderno Brancusi. Las películas únicamente coinciden, obviamente, en determinados personajes, y en lo que resulta más atractivo: sus guiños al arte contemporáneo.

  Imposible de escapar a nuestra visión es la desemejanza del escenario: la ciudad de Gotham.

  Para Burton, la Ciudad Gótica −como es traducida en el mundo latinoamericano− aúna pasado, presente y devenir. Por un lado, recurre a la arquitectura y decoración de interiores a lo Art Déco de los años 30, incluso algunos añaden que hay un cierto olor fascista. Y cierto es que, esos gigantescos atlantes que recorren las fachadas de los edificios, nos recuerdan bastante a las moles escultóricas que se acoplan a la base de la cruz del Valle de los Caídos: reposo del dictador que sumió a España en el terror y la intolerancia durante más de tres décadas, que se dice pronto.

  Por otro lado, la moda de la propia época en que está realizada la película, también aparece simultáneamente en pantalla. Tan solo hay que ver las diferentes apariciones de Kim Basinger y sus hombreras imposibles sobre las ceñidas vestimentas, adoptando el cuerpo la fórmula del ochentero triángulo invertido.

  Igualmente, existen reminiscencias de las típicas ciudades futuristas: caóticas, inmensas y decadentes, imitando a la Metrópolis de Fritz Lang.

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Gotham City, imagen rescatada de Batman, Tim Burton, 1989

  La Gotham de Burton es oscura y humeante, sin un porvenir, conducida al apocalipsis que el crimen acarrea. Se equipara a Nueva York, con sus calles distinguidas con números ordinales, aparte de la referencia al Guggenheim Museum de Wright como centro de arte principal de la urbe, denominado en el filme como Flugelheim Museum.

  En cambio, Christopher Nolan ofrece una panorámica de Gotham tal y como sería una ciudad norteamericana contemporánea, con su ajetreo y movimiento urbano de la actualidad. En este caso se trata de Chicago, población en la que se rueda parte del largometraje.

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Gotham City y la Wayne Tower bajo la visión de Christopher Nolan

  El modo en que son presentados los “payasos” y, sus respectivas personalidades dentro de las películas, son también dispares.

  Tim Burton lo muestra primeramente como Jack Napier: un líder de la mafia que ha perdido su estatus. Se acompaña de su amante, Alicia (la impresionante Jerry Hall), en realidad novia de Carl Grissom: auténtico jefe de los “bajos fondos”. El “tétrico” director californiano −qué gran contradicción− bebe de los cómics The Killing Joke y The Dark Knight Returns; historietas en las que se plasma la escena antes mencionada de la caída al tanque de ácido, la cual, le inquiere esa desfiguración del rostro, teniendo que echar mano del maquillaje para sus apariciones públicas.

  El vestuario está inspirado en las aventuras en papel originales, de colores vivos y brillantes; un payaso de circo de impecable aspecto, como un dandi baudelaireniano de la posmodernidad. Es un Joker violento pero cómico, lo que resta gravedad a la acción. Utiliza armas de fuego cual capo siciliano, burlándose de sus víctimas con chistes populares.

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Jack Nicholson y su aspecto en Batman de Tim Burton

  Nolan va al grano, pues directamente Heath Ledger aparece como el Joker; un ladrón de bancos: entidades propiedad de la mafia. Asesino, extorsionador y fuera de cualquier círculo al que se le pueda vincular. Solitario y perturbado, plagado de tics que hacen de su comunicación no verbal un tanto siniestra y sospechosa.

  El británico se basa en Batman nº1, The Killing Joke y en Batman: The Long Halloween. Confuso con su pasado, el Joker inventa diversas historias sobre su infancia y orígenes a lo largo de la película.

  La indumentaria se inspira en el cómic, pero con un aspecto decadente, de tonalidades apagadas. Desaliñado y desaseado, a la moda actual, donde lo correcto hace tiempo que fue denostado, con la cabellera alborotada tipo grunge style de los 80.

  Aplica una violencia física y psicológica sin límites (psicokiller), amenazando y causando el terror a partir de armas blancas, de fuego o explosivos. No hay miramientos, caiga quien caiga es algo justo, ya sean hombres, mujeres, e incluso niños.

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Heath Ledger: el Joker de Nolan

  Otra de las disyuntivas entre ambos Joker’s serían las pretensiones y el trasfondo del personaje.

  El Joker de Burton pretende ser el amo de Gotham, moviendo los hilos desde la ilegalidad, implantando su ley, revolviéndose entre “líos de faldas”, ya que intenta seducir −a la fuerza− a Vicky Vale (Kim Basinger): la fotógrafa de prensa que se enamora de Bruce Wayne (la verdadera identidad de Batman, interpretado por Michael Keaton).

  El demente clown se obceca con acabar con el murciélago enmascarado, pues sabe que es el único que puede truncar sus planes, evidenciando que la mayor de sus preocupaciones es su destino como gran capo de la mafia, más que su eterno oponente en sí mismo.

  El Joker de Nolan es un romántico en cuanto al sentido pesimista de la vida. Individuo inteligente; un filósofo y un crítico de la sociedad contemporánea. Está convencido de que el ser humano es un ente corrupto por naturaleza, y se obsesiona por demostrarlo. Batman es su juguete, disfruta poniéndolo a prueba, incluso revela que jamás le mataría, pues desea para él otro final peor que la muerte: la corrupción del alma.

  La banda sonora es un agente revelador y representativo de la personalidad del Joker en cada una de las películas.

  El personaje de Nicholson hace sus apariciones bajo una melodía que reconocemos como circense, de “bombo y platillo”, un espectáculo de humor en el que termina por participar la sangre. Ledger, por su parte, siempre va acompañado de una intimidatoria sirena in crescendo, poniéndonos en situación, alertándonos de que algo está a punto de suceder. No es por quitarle mérito a su actuación, que fue brillante, pero si le dieron el Óscar, no sólo fue un reconocimiento póstumo, sino por el clímax de estremecimiento que alcanza el espectador con la interpretación del actor gracias al ritmo ascendente de la música.

  Llegamos, por fin, a las coincidencias. Y, qué casualidad, el arte está inmiscuido. Tanto Tim Burton como Christopher Nolan son amantes de las artes plásticas, sintiendo fascinación por uno de los artistas que mejor representan el arte de la posguerra: la putrefacción de la carne de Francis Bacon.

  Incluyen en los filmes guiños a su afamado artífice irlandés. El Joker de Burton trama una cita con Vicky Vale en el Museo de Gotham, que es a la vez restaurante, situadas las mesas junto a las obras −cosas del cine−. Ella acude sin recelo, pues engañada por una falsa voz a través del teléfono, cree haber quedado con Bruce Wayne. Mientras espera a que aparezca su amado, ya en el interior del Flugelheim Museum, el Joker y sus secuaces irrumpen en el edificio causando la destrucción de todos y cada uno de los lienzos exhibidos en las paredes. Grandes hitos de la Historia del Arte como La Ronda de Noche (1640-42) son rasgados e invadidos por graffitis, a excepción de uno, Figure with meat (1954) de Francis Bacon, que es salvada de la “quema” gracias a una frase del guión que el mismo Joker sentencia, algo así como: ¡No! esta me gusta, quedando impune la imagen de Inocencio X rodeado de los descuartizados y colgantes cuerpos de animales.

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Congelación de la escena del indulto a Francis Bacon. Batman, Tim Burton

  Nolan disfruta contemplando en vivo las pinturas al óleo de Bacon, un diálogo entre arte y receptor. Artista favorito desde su juventud, le apasionan sus espacios negros delimitados, sus atmósferas y, sobre todo, la distorsión de los rostros, que devendrá en el maquillaje del Joker.

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Francis Bacon, Tres estudios para figuras al pie de una Crucifixión (detalle), 1944

  Burton ofrece una visión del cómic prácticamente “para toda la familia”, mientras que en Nolan existe una violencia física y psicológica más hiriente para el espectador, además de reflexiva, con un trasfondo social.

  Con una separación de casi 20 años en la producción, vislumbramos una evolución del género “superhéroes”, con un interés en los orígenes y motivos que llevaron a estos a colocarse un antifaz, o a delinquir, en el caso de los villanos.

  Burton se queda en una excepcional adaptación cinematográfica de las historietas. Por su parte, Nolan se adecúa a las demandas del cine de la contemporaneidad en cuanto a lo complejo del desarrollo de la trama, la ambigüedad de los protagonistas y secundarios, y la trasmisión de mensajes al consumidor.

  Tanto la aquí destripada Batman, como su secuela, Batman Returns (1992), han quedado para la Historia del Cine como dos exquisiteces estéticas producto del genial director de La Novia Cadáver (2005), pero quien se lleva la Palma en cuanto a calidad fílmica es, sin duda, la trilogía que Christopher Nolan imaginó para su héroe oscuro, utilizando el cómic como herramienta con la que retratar los problemas sociales de la actualidad. Más que recomendables, indispensables.

 

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Esta entrada fue publicada el 12 julio, 2014 a las 13:19. Se guardó como Arte Contemporáneo, Cine, Crítica Artística, Crítica de Arte, Historia del Arte y etiquetado como , , , , , , , , . Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

2 pensamientos en “The Joker: Why so serious? Tim Burton VS Christopher Nolan

  1. Me quedo con el Gotham de Burton y el Joker de Nolan. El Joker bromista de las series con las que crecimos nunca me convenció, era demasiado irreal como para tomarlo en serio incluso a nivel narrativo.
    El de Nolan será o no será el Joker, hay quien echa de menos un humor infantil que los comics desecharon hace tiempo, pero al menos es un Joker aterrador.

  2. Coincidimos.

    ¿A quién no le gustaría vivir en el ático de un rascacielos decorado con atlantes sobredimensionados? Leí en algún sitio, que la Gotham de Burton tenía cierto olor a la arquitectura fascista… Puede ser, pero es una maravilla…

    Como actores, me quedo con Nicholson frente a Ledger, pero para superar al Joker de Nolan, van a tener que pasar unas cuantas décadas…

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