Urbanismo de Berlín tras la caída del Muro: camino a la globalización

1.- INTRODUCCIÓN: UN TERRITORIO DIVIDIDO

  Los primeros pobladores que supieron sacar partido a la frondosidad que genera el río Spree, nunca imaginaron que estaban sentando las bases de una de las ciudades con mayor trasiego urbanístico de la Historia, sobre todo, en su edad contemporánea.

  Compañera inseparable de los espacios verdes desde su fundación, Berlín se estipula, hoy día, como una potente candidata a convertirse en el pulmón de respiración asistida de la vieja Europa, pero esta imagen de modernidad sostenible tan solo tiene unos pocos años de vida, pues la destrucción y la derrota, son los sustantivos que mejor ligan con el pasado de la capital alemana.

  El nacionalsocialismo entraba en conexión directa con la arquitectura neoclásica schinkeliana del XIX, por lo que Adolf Hitler conservó estas construcciones (por ejemplo, el Altes Museum) como un recuerdo a la cultura grecorromana que tanto le fascinaba. De la mano de Albert Speer, quiso convertir Berlín en la nueva Roma Imperial a partir de enormes ejes que emularan los paseos triunfales de los emperadores, con edificios representativos en sus márgenes, y dos puntos de fuga en ambos extremos que exaltaran el poder político y la memoria de los caídos en batalla.

  La mayoría de estos proyectos quedaron en papel, erigiéndose edificios aislados como la Nueva Cancillería. Así, el destino de la trama urbana de Berlín, quedaba a merced de las bombas con el estallido del gran conflicto bélico que trastocaría la dirección del ser humano para siempre.

  Germania −denominación que portaría el Berlín hitleriano− no llegó a poseer el Gran Hall que albergara bajo cúpula una cantidad de población similar a la de un batallón de infantería, ya que su final tendrá más cosas en común con las actuales ruinas de la Acrópolis ateniense, que con el esplendor visual de una próspera población de la Antigüedad, tal y como las concebimos actualmente gracias a las reconstrucciones aparecidas en las enciclopedias y los decorados cinematográficos.

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Albert Speer, maqueta para el Gran Hall (Volkshalle)

  El final de la Segunda Guerra Mundial dejará a Berlín cual “solar en venta” en el que poder reconstruir la moral y el espacio físico a partir del arrepentimiento y la consecuente voluntad, pero… ¿será capaz la ciudad de comenzar de cero?

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División de la ciudad de Berlín entre los vencedores del conflicto bélico

  Como al niño huérfano que se le asigna una tutela, Alemania será repartida entre las naciones vencedoras, encargadas éstas de su seguridad y crecimiento. Como metrópoli principal −con todos los respetos a Bonn−, Berlín también será fragmentada en cuatro porciones, aunque en un inicio la verdadera división no será territorial, sino ideológica. El oeste se inclina por el capitalismo que los países participantes (Francia, Inglaterra y Estados Unidos) practican en sus lugares de origen, mientras que el este se refugia en la herencia del marxismo con la URSS como cabecilla. Esto irá gestando un sentimiento de discordia política que llevará a la RDA a,  literalmente, amurallar sus fronteras bajo la excusa de querer protegerse de un −para ellos− fascismo que trataba de manipular y seducir a la población oriental, cuando en realidad intentaban evitar el masivo abandono de la zona comunista por unos escarmentados habitantes deseosos de libertad.

  Las balizas fronterizas pasaron al enmarañamiento del alambre, y del metal, a la opacidad de la piedra. La madrugada del 12 al 13 de agosto de 1961, los berlineses se encontraron con la representación de la vergüenza, pues esta contradictoria visión política dejó de lado la abstracción del mundo de las ideas para hacerse palpable en el Muro de Berlín.

  Con la fortaleza que inquieren unos pies de hormigón, la diosa Eris, personificación de la Guerra Fría y el Telón de acero, se instaló durante décadas en la urbe. OTAN y Pacto de Varsovia se enfrentaron en un pulso que finalmente caería del lado occidental, quedando desmantelado el Bloque del Este, e iniciándose un trámite de planteamiento globalizador con la caída del muro el 9 de noviembre de 1989.

2.- PLANIFICACIÓN URBANÍSTICA DE BERLÍN: LA CONTEMPORANEIDAD

2.1.- Antecedentes: La esperanza de la Reunificación alemana

  No todos los líderes mundiales veían con buenos ojos la detonación del Muro. Italia e Inglaterra no estaban dispuestas a contemplar el resurgir de un peligroso nacionalismo con una ficha policial tan siniestra e invasiva (como si la señora Thatcher no tuviera que agachar la cabeza al pronunciar tales términos).

  Aún así, el 12 de septiembre de 1990 se firma el “Tratado dos más cuatro”, dando el pistoletazo a la tal ansiada salida del pantano que produjo la Guerra Fría, eso sí, acatando una serie de obligaciones que los mandatarios germanos debían seguir a rajatabla, como el desarme que sobrepasara la legalidad (armas de destrucción masiva) o la no reclamación de los territorios perdidos tras la Segunda Guerra Mundial.

  La Reunificación no entrará en vigor hasta el 3 de octubre de ese mismo año, siendo celebrada por el conjunto poblacional de Berlín frente al Reichstag con una fiesta en honor a la paz y a la libertad sin parangón.

  En este lento proceso quedaba un factor relevante a solucionar. Tanto Bonn, como Berlín, albergaban en sus senos edificios vinculados a la autoridad del estado y la política, por lo que era necesario evidenciar cuál sería la nueva y única capital, ya que en el pasado ambas fueron sedes de las respectivas Alemanias divididas. La Resolución sobre la ciudad capital verá la luz el 20 de junio de 1991, eligiendo a Berlín como la futura antorcha que ilumine el sendero de un país moderno, civilizado y acorde con los cánones del neourbanismo.

  Partimos de la base de que la caída del Muro supuso el encuentro de dos mundos un tanto dispares en cuanto a imagen y planteamiento.

  El Berlín-Este reflejaba la presencia de la Unión de las Repúblicas Socialistas Soviéticas: un entramado con gigantescas plazas comunales, colosales monumentos conmemorativos que homenajean a sus líderes y logros del pasado, aparte de los arquetípicos bloques residenciales de hormigón prefabricado. Al otro lado aparece el carácter comercial y el cosmopolitismo, ya que el Berlín-Oeste se desarrolló bajo el auspicio de las inyecciones económicas que los estados aliados invirtieron en la reconstrucción, aunque nunca llegara a mostrar el aspecto de las grandes capitales del mundo globalizado de esos momentos, véanse París o Nueva York, pues la división a la que estaba sometida, hizo que la desconfianza de los inversores estuviera siempre presente. Por no hablar de los márgenes del Muro, los cuales, presentaban el mismo desolador aspecto que en su cara opuesta.

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Izqda. Berlín Oeste tras la IIGM, lo histórico y lo contemporáneo. Iglesia Memorial Kaiser Wilhelm, Breitscheidplatz, Tiergarten. Dcha. Berlín Este, bloques de apartamentos, 1975. Póster del líder socialista Erich Honecker, convertido al año siguiente en Presidente de la RDA

  Era necesaria la elaboración de un discurso que hilara, de una vez por todas, estas dos facetas de la capital, y estaba claro que la estética del comunismo no tendría cabida en los propósitos de remodelación. El mejor comienzo sería la reestructuración de las comunicaciones, como por ejemplo, la rehabilitación de las estaciones de metro que habían quedado inoperativas en el área oriental.

  Los años 90 sumirán, a la que fue la República Democrática, en una profunda crisis, pues el cambio de moneda y la potente economía de la RFA, hicieron que las grandes diferencias de calidad de vida y estatus entre ambas Alemanias quedaran al descubierto. Obviamente, esta situación desencadenó en el este un descontento social generalizado, con tasas de paro del 15% y reacciones xenofóbicas contra todo extranjero: esos que venían a quitarles el poco pan que podían llevarse a la boca. Solo las ingentes inversiones de la zona occidental sobre sus compatriotas pudieron dar alivio a la agonía y la precariedad, poniendo sobre la mesa los planes territoriales que aún, hoy día, transforman la ciudad de Berlín.

2.2- El paisaje urbano: FNP y LaPro

  Si bien, el Berlin Morgen fue el primer debate abierto sobre el futuro de la capital alemana (convocado en enero de 1991), sus argumentos se tambaleaban al encontrarse dos tendencias bien diferenciadas entre las propuestas urbanas de los arquitectos que formaban el concurso, ya que unos miraban hacia unas pautas más conservadoras (europeizantes), y otros, hacia una visión progresista representada por la construcción en vertical. La balanza cayó en favor de los primeros, gestándose también en el año de 1991 el proyecto Berlín-2000. De semblante sobrecentralizador(1), es perfectamente reconocible en la recuperación de la Potsdamer Platz. Berlín-2000 también actuará en el Spreebogen: Distrito Parlamentario reformado por el plan Berlín-Capital, y en otro de los corazones de la ciudad: Alexanderplatz, acondicionada con el proyecto Berlín-ciudad global (plan I-B4 Alexanderplatz)

  Toda intervención urbanística de la Alemania reunificada partirá de la supervisión del Departamento del Senado para el Desarrollo Urbano y Medio Ambiente, cuya función se focaliza en el diseño de programas adecuados a las necesidades de la ciudad y a su sostenibilidad.

  De esta institución parte el Plan de Gestión Territorial (FNP). Promovido por el Ayuntamiento, sus objetivos son la diversidad como paisaje urbano y la gestión de los suelos edificables: repartir las zonas motoras que activan el pulso de la urbe a lo largo y ancho de la planimetría; el estudio de las proporciones entre áreas residenciales y espacios abiertos, recreativos y ecológicos; además de la mejora de los servicios y transportes públicos.

  A partir del FNP surge el Programa del Paisaje y de Protección de las Especies (LaPro), el cual, refuerza los principios básicos del FNP en cuestión a las zonas verdes, haciendo hincapié en los beneficios que la naturaleza aporta a nuestras ciudades con la protección del ecosistema (calidad del agua, del suelo y del aire).

  Ya tenemos los soportes legales, políticos, administrativos y estéticos, sólo falta encender las máquinas.

2.3.- El urgente levantamiento de los edificios gubernamentales: Proyecto Berlín-Capital

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Distrito Parlamentario de Berlín

  El 17 de junio de 1993 se aprueba, en el Senado, el programa que devuelva a Berlín su área representativa del poder político; el Distrito Parlamentario y Gubernamental (Distrito Mitte).

  Como habíamos mencionado, Bonn poseía algunos de estos edificios como capital que fue en su día, por lo que debían de ser trasladados al entramado berlinés con la mayor brevedad posible.

  Instituciones ministeriales, embajadas y demás arquitecturas federales, se localizan en el centro de la urbe, a orillas del río Spree, y concentrados en dos núcleos −Spreebogen y Spreeinsel− que se aferran y organizan a partir del curso fluvial. Estos terrenos, comprendidos entre Alexanderplatz, la Puerta de Brandenburgo y la Columna de la Victoria, constituyeron el entorno del Muro, apareciendo tras la derribación del anterior como un oasis en el desierto al que explotar todas sus posibilidades.

  A lo largo de 20 años de programa, el centro administrativo de Berlín ha quedado conformado por construcciones referidas al Estado, como el Reichstag −remodelado por Norman Foster (1993)−, la Cancillería −Charlotte Frank y Axel Schultes (2001)− y las Oficinas Parlamentarias −Paul-Löbe-Haus (2001) y Marie Elisabeth Lüders Haus (2003) de Stephan Braunfels−; también ámbitos culturales −Kulturforum−; espacios abiertos −Plaza de la República (Königsplatz) y la reconstruida Hausvogteiplatz−; además de los servicios −Estación Central de Ferrocarriles (conectada con la Cancillería a través del puente de Gustav Heinemann)−, y todo ello envuelto por el manto de las siempre requeridas zonas verdes −Spreebogen Park y Tiergarten Park−.

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Nueva Cancillería (2001), Charlotte Frank y Axel Schultes

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Marie Elisabeth Lüders Haus (2003), Stephan Braunfels

2.3.1.- Evolución física e histórica del Reichstag: un edificio sostenible

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El Reichstag en la actualidad

  Hoy día sede del Bundestag (Parlamento), el edificio del Reichstag simboliza, metafórica y visualmente, la inestable y a veces cruda historia de la nación.

  Elegido en concurso público a Paul Wallot, se inicia su levantamiento en 1884 como lugar de reunión del II Imperio Alemán. Los requerimientos solicitados por parte de alemanes y prusianos, pues ambos iban a hacer uso de las instalaciones, hicieron que ya desde los planos se produjeran múltiples modificaciones.

  De un estilo clásico y, decorado exteriormente con alegorías al espíritu germano, pasó a ser Parlamento durante la República de Weimar. Posteriormente fue incendiado por los nazis, con el objetivo de imputar a terceros: una excusa perfecta para “quitárselos de en medio”, a la vez que sus estancias acogerían exposiciones antisemitas y anticomunistas.

  Al finalizar la guerra que arrebata el trono al nacionalsocialismo, el Reichstag amanece seriamente dañado, ya que fue escenario mismo del enfrentamiento. La RFA convocará el concurso que restaure la maltrecha arquitectura, finalmente adjudicado a Paul Bamgarten, extendiéndose los trabajos desde 1961 hasta 1973, en los que se demuele la cúpula, se rebajan las torres y se elimina gran parte de la escultura ornamental exterior.

  La Reunificación transformará el edificio hasta conseguir su aspecto actual. Aunque no apareciera en los planteamientos iniciales, Norman Foster coronará el Reichstag en 1993 con su famosa cúpula transitable de acero y cristal. Sus 40 metros de diámetro son un atractivo turístico más de la ciudad pero, lo que realmente hace revolucionario el complejo, es su sistema energético particular. También utilizado en la Paul-Löbe-Haus y otros centros gubernamentales, éste funciona mediante máquinas biodiesel, reduciendo así las emisiones y respetando los límites impuestos por las Instrucciones Técnicas alemanas para la Calidad del Aire (TA Luft).

  Las calderas inteligentes situadas bajo tierra, aumentan o disminuyen el calor necesario según el período estacional. Igualmente, posee aparatos de aire acondicionado con un sistema de ventilación sostenible. El culmen lo aportan las placas fotovoltaicas que conforman el suelo, ocupando alrededor de 3,600 m² de superficie.

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Interior de la cúpula del Reichstag, Norman Foster, 1993

2.3.2.- Acondicionamiento del Kulturforum

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Vista aérea Kulturforum

  Propuesto por el Departamento del Senado para el Desarrollo Urbano y Medio Ambiente entre los años de 2004 y 2005 y, aprobado por la cámara baja de Berlín en 2006, el Kulturforum se presenta como un proyecto que recupere y amplíe el complejo cultural cercano a Potsdamer Platz diseñado por Hans Scharoun en la década de los 60 (aunque la figura y propuestas urbanísticas del alemán son ya tomadas en cuenta desde la finalización de la guerra).

  La muerte de Scharoun en el 72, no significó que su propósito quedara en el olvido, ya que las obras de los edificios de apariencia orgánica que imaginó para este “campo del arte” continuaron hasta ser consumadas, y ejemplo de ello es la Biblioteca Nacional −Staatsbibliothek− (Scharoun y Wisniewski, 1967-78).

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Scharoun y Wisniewski, interior Staatsbibliothek, 1967-1978

  La enmienda del nuevo plan es equipararse a la Isla de los Museos(2), conservando edificios ya existentes como la Filarmónica (Scharoun, 1960-63) y la Nueva Galería Nacional (Mies van der Rohe, 1968), al tiempo que se integrarían los de nueva planta en los bordes del terreno, algunos de ellos orientados al ocio: restaurantes, centros comerciales… Se incluyen los espacios abiertos en esta reforma, conectando el Kulturforum con el entorno histórico de Matthäikirchplatz.

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Hans Scharoun, Kammermusiksaal (junto a Wisniewski, 1984-87) y Philarmonie

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Mies van der Rohe, Neues Gallerie, 1968

  Al parecer, y a pesar de su posición privilegiada en el callejero berlinés (frente a Potsdamer Plazt), esta intervención no obtuvo el beneficio y reconocimiento que se esperaba, pues el Ayuntamiento, aún hoy espera la entrada de capital inversor que saque partido a las instalaciones. También ciertos urbanistas se lamentan por la remodelación, que hizo taponar visualmente la mítica Potsdamer Straße con la irrupción de la Staatsbibliothek de Schauron.

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Vista de Berlín. En primer término: Scharoun y Wisniewski, Staatsbibliothek, 1967-1978

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Interior Filarmónica, Hans Scharoun, 1960-1963

2.4.- Potsdamer Platz: del vacío a la globalización

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Vista aérea Potsdamer y Leipziger Platz (abajo a la derecha: Staatsbibliothek, Kulturforum)

  El levantamiento del Muro de Berlín atravesó sin piedad el que fuera uno de los puntos neurálgicos de la ciudad: la Potsdamer Platz. Hoteles, restaurantes y similares comercios del sector, pusieron sus letreros de Out of business al convertirse en una zona de máxima tensión. Se podría decir que el área de la Potsdamer Platz “murió con las botas puestas”, para ser el primer testigo urbano en contemplar el desprendimiento del Telón de Acero durante la ceremoniosa fecha del 9 de noviembre de 1989. En el instante en que ambos pulmones alemanes respiraron juntos con el desmoronamiento del Muro en la misma plaza, ya se pensó en transfigurar la inhóspita parcela en lo que antaño representó para Berlín: la gran sede de las macro-empresas y entidades bancarias, rodeadas de los servicios, equipamientos y centros de entretenimiento que una potencia europea de última generación debería poseer.

  Antes de la Reunificación, la RFA se dedicó a ir comprando a la RDA los terrenos que conforman la Potsdamer Platz, para luego ser vendidos a precios irrisorios (muy por debajo de lo que habían estipulado los peritos) a las industrias que allí colocarían sus modernas oficinas: Sony, Daimler-Benz, A+T −asociación entre Asea Brown Bovery y Tirreno−, y Hertie.

  El revuelo entre expertos y población por la mala gestión iba en aumento, hasta que el “gran capital” supo suavizar la situación con la promesa de trasladar a Berlín las principales sedes en Europa de estas empresas, quienes traían un turgente pan bajo el brazo: los miles de puestos de trabajo que se generarían con la mudanza.

  El concurso Berlin Morgen dejó tras de sí una variedad proyectos que nunca llegarán a hacerse realidad, pero se constituirán como fuente de inspiración y soporte de los que finalmente serán llevados a cabo por cada una de las empresas propietarias de los solares, quienes decidieron, por sí solas, acometer las obras siguiendo sus planes ideales adecuados a sus parcelas, las cuales, sumándoles la contigua Leipziger Platz (que también entra en el espacio a transformar), suman una superficie de 480,000 m².

  El área de la Daimler-Benz será urbanísticamente intervenida por Renzo Piano y Christoph Kohlbecker, participando, en la proyección de otros edificios destinados a este solar, figuras que ya habían sido galardonadas en concursos anteriores, como Rafael Moneo y Arata Isozaki.

  Piano y Kohlbecker siguen los parámetros del que un día fuera el proyecto ganador del Berlin Morgen, el propuesto por Heinz Hilmer y Cristoph Sattler, preponderando los espacios públicos, manzanas cerradas decimonónicas de más de 50 metros de lado, la repartición de las actividades según porcentajes −56% oficinas; 19% viviendas; 11% comercios; 9% hoteles; resto a ocio y cultura−, y estableciendo una altura media de 22 metros. Se recupera la historicidad de la Potsdamer Straße a partir de su apertura como un gran bulevar ajardinado que conecte la Potsdamer Platz con la Marlene-Dietrich Platz: exclusivamente dedicada al ocio, inclusive el casino-teatro musical (1994-1997) levantado por Piano y Kohlbecker frente a la Staatsbibliothek.

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Área Daimler-Benz (abajo). Edificios de Scharoun, Kulturforum (arriba). Plaza Sony (derecha)

  Las calles peatonales como Arkaden(3) conectan y distribuyen la zona Daimler-Benz al completo, quedando el tráfico rodado en los perímetros exteriores.

  Existe uniformidad en las alturas, sobrepasándose con tres rascacielos en ambos extremos del solar; dos en la misma Potsdamer Platz: el edificio de oficinas de aspecto neoyorkino de los años 30 de Hans Kollhoff (1995-1999) y el PricewaterhouseCoopers Building (1994-1998) de Piano y Kohlbecker; y otro junto al Landwehrkanal(4); la Debis-Haus, también de Renzo Piano (1994-1997).

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Hans Kollhoff, DaimlerChrysler Highrise Building, 1995/1999

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Renzo Piano, Debis Haus (edificios de oficinas), 1994/1997

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Entrada Arkaden

  La compañía Sony se encargará de transformar su área triangular en un gran complejo comercial al aire libre, pero cubierto al mismo tiempo. Proyectado por Helmut Jahn, los espacios públicos son abrazados por los edificios (reformando los ya existentes: Hotel Esplanade, así como los de nueva planta: Bahn Tower) y las estructuras añadidas, destacando la Plaza Sony: de forma elíptica, se protege del frío, la lluvia y la nieve, o del calor, mediante una especie de carpa circense de cristal y textiles sostenida por vigas de acero.

  Es una réplica de las ciudades del futuro que contemplamos en las películas: grandes superficies resguardadas del exterior repletas de tiendas, entretenimiento virtual (cines IMAX 3D), escaleras mecánicas, fachadas de vidrio, zonas ajardinadas −con sus respectivos árboles− y mobiliario urbano. Es obvio que quienes intervienen en la Plaza Sony no son paisajistas ni interioristas, sino profesionales del merchandising y el marketing, focalizando sus pretensiones con un espíritu consumista: el atlante de la economía neoliberal.

  Al igual que ocurre en Arkaden, los vigilantes y los circuitos cerrados de cámaras, hacen de la Plaza Sony un búnker que no permite la entrada a la mendicidad y la delincuencia; un rasgo más de las controladas y excluyentes ciudades del mundo globalizado: un peligroso camino a la homogeneización.

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Helmut Jahn, Plaza Sony y Bahn Tower, 2000

  A+T elegirá a Giorgio Grassi, quien diseñará unos edificios en H y en L dispuestos a lo largo de la vía pública, creando una serie de patios abiertos a las calles Kothener y Link. Combina la baja altura con elevados complejos gubernamentales.

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Área A + T, intervenida por Giorgio Grassi

2.5.- El pastiche Alexanderplatz

  Gran centro de las comunicaciones rodadas en los gloriosos años 30 del siglo XX, ya sean las adecuadas al transporte público como al privado, llegó a configurarse como el punto neurálgico de la actividad ciudadana del Berlín oriental durante la existencia del Muro. Con la Reunificación, Alexanderplatz debía de conectarse con sus homónimos del lado occidental: la Potsdamer Platz y el Distrito Parlamentario, por lo que se convoca un concurso patrocinado, tanto por las autoridades federales, como por inversores externos. En enero de 1993 se anuncia a los ganadores: los arquitectos Hans Kollhoff y Helga Timmermann, quienes idearon la ordenación del territorio a partir de trece rascacielos de 150 metros, con bloques de edificios de 37 metros que hacen las veces de cinturón perimetral, a la vez que los suelos se conformarían por enormes alfombras de césped. Sin embargo, los planes se irán revisando con el paso de los años, hasta llegar al mes de abril del 2000, momento en el que se constituye el I-B4 Alexanderplatz como el regidor del futuro de este hito urbano berlinés.

  Habrá que esperar hasta el 2006 para comprobar los resultados. Construcciones preexistentes como el Alexanderhaus y el Berolinahaus (ambos de Peter Behrens) fueron remodeladas y modernizadas, pero conservando su aspecto original. Los nuevos túneles de metro bajo la misma plaza ya han sido finalizados, incorporándose la segunda línea de tranvía en 2007. Para el pavimento se elige el tono grisáceo del granito, en sintonía con la piedra y el cristal de los edificios circundantes.

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Alexanderplatz: Torre de televisión, Berolinahaus, Galería Kaufhof y park inn-Hotel

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Remodelación Alexanderhaus y Berolinahaus, originales de Peter Behrens

2.5.1.- The park inn-Hotel

  Localizado en el área norte, inaugurado como complejo hotelero (Hotel Stadt Berlin) en 1970, y realizado por un colectivo de arquitectos −Roland Korn, Heinz Scharlipp y Hans-Erich Bogatzky−, hoy día, es uno de los hoteles más conocidos de Alemania por ser testigo de la historia, además de por su altura. Su nombre y su apariencia han ido cambiando con las décadas: en los 90 se transforma su planta baja en galería comercial y, en 2005, se le da la imagen que actualmente posee con los trabajos en la fachada, colocándole una nueva estructura-pantalla de acristalamiento. Asimismo, se remata con el letrero monumental que lo identifica, aportándole ese aire de arquitectura moderna occidental.

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Roland Korn, Heinz Scharlipp y Hans-Erich Bogatzky, park inn-Hotel durante el mandato de la RDA y su aspecto actual

2.5.2.- Galería Kaufhof

  Se levanta durante las mismas fechas que el park inn-Hotel (1967-70). Por ese entonces, llevaba el título de Centrum Warenhaus, y se consolidó como el centro comercial más importante de la RDA. Con la Reunificación, la compañía METRO AG lo bautiza como Galería Kaufhof, ampliando el espacio de venta con la reducción de los almacenes, al tiempo que se agrega al complejo la planta baja de su aledaño park inn-Hotel.

  Entre 2004 y 2006, Josef Paul Kleihues se encarga de su “lavado de cara” definitivo, extendiendo en 25 metros la fachada que corresponde a la misma Alexanderplatz, a la vez que sustituye las anteriores formas de panal por la piedra y el cristal, conservado algunas de estas figuras geométricas en la entrada como idea de reminiscencia del pasado. Redistribuye los interiores con la construcción de dos nuevas plantas; seis en total.

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Remodelaciones exteriores e interiores de la Galería Kaufhof

2.5.3.- Torre de televisión

  Fue comandada por el líder del partido de la RDA, Walter Ulbricht, en los 60, abierta en 1969 como enclave de las telecomunicaciones del Berlín comunista. Acabó por alzarse como un icono político e ideológico, por lo que éste, ya monumento, ha sido asimilado en la contemporaneidad cual símbolo de la Reunificación.

  En 1994-95 se reforma su interior, y un poco más tarde se agrega la moderna base en la zona sur. Con sus 368 metros, alberga el restaurante más grande y elevado de Berlín, el Sphere, con una plataforma situada en el perímetro que gira 360º sobre su eje.

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Restaurante Sphere, TV Tower, Berlín

2.5.4.- Miscelánea Alexanderplatz: el fantasma del pasado

  Con la conservaduría de múltiples edificios pertenecientes a la arquitectura e ideario comunista, la Alexanderplatz no parece haber cambiado en demasía con sus recientes intervenciones. Las infraestructuras precedentes −Estación de Ferrocarril− han sido puestas a punto, y se han levantado otras nuevas bajo los órdenes de la modernidad −Cines Cubix−, pero sigue manteniendo ese aura un tanto fría e individualista, de moles arquitectónicas que marchan cada una por su cuenta, sobre todo por la presencia de sedes gubernamentales, como el Ministerio de Salud, la Oficina Federal de Estadística y el Cuartel General de Policía. Los espacios abiertos se enmarañan con el cableado del tranvía, reviviendo su época de esplendor de los locos años 20 y 30.

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Ministerio de Salud y Cuartel General de Policía, Alexanderplatz

  Hablamos de miscelánea por la exacerbada presencia de centros comerciales, pues aparte de la Galería Kaufhof, la Alexanderplatz cuenta con los macro-complejos Rathauspassagen (reformado en 2001) y, el más reciente, Alexa (2007), colisionando, bruscamente, el bullicio del consumismo con las gigantescas avenidas de estética made in RDA.

  Las empresas se han asentado en edificios de oficinas como el KL 31/33, remodelado en 1994-98, y el Berliner Zeitung Building; contenedor de varias editoriales de la prensa y la publicidad como Gruner & Jahr.

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Alexa Shopping Centre y Berliner Zeitung Building (sede de la editorial Gruner & Jahr)

3.- PAN PARA HOY, HAMBRE PARA MAÑANA

  Con este “brevísimo” recorrido por el urbanismo contemporáneo de la capital alemana, es obligatoria la siguiente cuestión: ¿se ha sacado todo el partido a unas posibilidades infinitas? Nuestra respuesta sería negativa, fundamentándonos en la información transmitida en este post.

  El viento iba a favor; enormes espacios libres de obstáculos, la desaparición de un perturbador muro que hacía imposible el desarrollo del entramado, capital económico privado y federal, multiplicidad de ideas y proyectos, grandes profesionales al frente de estos, legislaciones organizadoras de los principios morales y funcionales, y una población dispuesta a participar en la construcción de su nuevo hábitat reunificado.

  Este arcoíris queda desteñido con la realidad, que demuestra que las normas se hacen para practicar los 100 metros vallas, y cuyo único beneficiario es el bolsillo del de siempre, el que maneja los hilos. No en la sombra, como antaño, sino a cara descubierta, y sin un rasgo de saber lo que es el sonrojarse.

  Los planes galardonados en los concursos quedaron como anécdotas, o como mucho, cual apoyo de base, luego modificados y trastocados hasta conseguir los verdaderos intereses: fabricar como al dueño del solar le venga en gana, mirándose al ombligo, sin darse cuenta de que una ciudad es “un todo”, que ha de compasar el ritmo para que ésta tenga pulso.

  Berlín tuvo la ocasión de colocarse como un referente mundial en cuanto al urbanismo del futuro, de ser la primera en aplicar unos planes revolucionarios cuyo foco y punto de partida fuera el ciudadano. Sí que se ha pensado en éste, pero como un pobre cordero al que seducir con las luces y las pantallas gigantes hasta llevarlo al matadero, esta vez, en forma de centro comercial.

  Todo tiende a homogeneizarse, siguiendo unas pautas globales que restan personalidad a las ciudades. Llegará el punto en que la intensidad de los neones sea tal, que nuestro cerebro terminará por perder el sentido del espacio/tiempo con el que atisbamos la realidad, no pudiendo distinguir si nos encontramos en Piccadilly Circus, Times Square o Potsdamer Platz.

  Por supuesto que también existen los aspectos positivos, y en ello tiene que ver la naturaleza. Parece ser un país bastante avanzado en cuanto a concienciación por el medio ambiente, no solo por la utilización de energías renovables, sino por la cantidad de kilómetros cuadrados de zonas verdes que puede tener Berlín.

  Este color es indispensable en nuestras urbes, contrarrestando factores como la polución y el poco vistoso asfalto. Además, tiene unas repercusiones indirectas, pues la buena imagen de la ciudad es esencial para el bienestar de sus habitantes. Es irrebatible que, saldríamos a la calle con mejor ánimo, si tuviéramos frente al portal de casa un frondoso parque en lugar de un edificio en ruinas, o un terreno sin edificar, o cualquier panorama un tanto inestable, psicológicamente hablando.

  Otro de los bienes a resaltar en Berlín son las campañas dirigidas a los conductores y viandantes, intentando evitar las 14,000 víctimas anuales que se registran por accidentes dentro de la misma. Proyectos como “Berlín: Movilidad y Seguridad 2020”, pretenden difundir los métodos de atención, respeto y civismo necesarios para la convivencia entre tráfico rodado y paseantes.

  El tercero en discordia sería el ciclista urbanita. Por suerte, Berlín posee sus propios carriles-bici en las vías principales (alrededor de 1,000 km), como la mayoría de las ciudades europeas, véase Barcelona en la misma Gran Via de les Corts Catalanes. Es un medio de transporte con visión de futuro: sencillo y sostenible, práctico y fructuoso para el ejercicio físico. Programas como SpiCycles hacen atractiva la opción de la bicicleta frente a la contaminación de los motores a combustión. Junto al tranvía, se ha convertido en un recurso de movilidad estrella a lo largo y ancho del planeta, con sus estaciones de parqueado y bonos para el alquiler por horas, o minutos, del mismo aparato. Hoy día sería imposible desligar a la bicicleta de lugares como Ámsterdam, donde, no solo los jóvenes las usan como un rápido y económico vehículo de locomoción, sino que personas de cualquier estrato social y profesión −incluidos los enchaquetados empresarios− las emplean para acudir a sus puestos de trabajo diariamente, evitando atascos y humos negros: tanto los del escape, como los producidos por los nervios y el estrés que ocasiona el tráfico en las poblaciones masificadas.

  Tras “Berlín-2000”, las autoridades y ciudadanos se vuelven a plantear muchas dudas acerca del porvenir urbanístico. El proyecto Urban Development Concept Berlin 2030 se prefigura para solventar los problemas que todavía arrastra la metrópoli, en esta ocasión, con la mirada puesta en la creciente demografía y la calidad de vida, aparte de las siempre presentes: sostenibilidad, imagen y potenciación económica. Veremos cuál es el resultado.

(1) Término utilizado por el arquitecto y profesor de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Sevilla: Carlos García Vázquez, en su tesis doctoral Berlín-Potsdamer Platz. Metrópoli y arquitectura en transición (2000), para referirse a los núcleos motores financieros de las grandes capitales mundiales que participan en la globalización, como pueden ser la City de Londres, el Midtown neoyorkino o el Shinjuku de Tokio. Arquitectura-espectáculo, publicidad sobredimensionada, luces, entretenimiento, servicios y el trasiego de sus miles de visitantes diarios.

(2) Isla en el río Spree (área denominada Spreeinsel) en la que se concentran una variedad de museos que guardan y exhiben las colecciones reales prusianas del XIX. De estética neoclásica, entre ellos se encuentran el Museo Antiguo (Altes Museum) y el Museo Nuevo (Neues Museum), ambos de Schinkel. Quizás el más conocido sea el Museo de Pérgamo y sus reconstrucciones de los grandes hitos del arte de la Antigüedad.

(3) Calle peatonal que atraviesa la zona Daimler-Benz en dirección norte-sur. El vidrio hace de techumbre, resguardándola de las inclemencias del tiempo berlinés. Como si de las Galerías de Milán se tratara, Arkaden es una de las zonas comerciales de mayor potencia de la ciudad, además de estar protegida por sensores y cámaras de seguridad. Responde al prototipo safe and wealthy de las ciudades globales contemporáneas.

(4) Canal cimentado en el siglo XIX (1845-1850), anejo al río Spree.

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Esta entrada fue publicada el 15 octubre, 2014 a las 20:54. Se guardó como Arquitectura, Crítica Artística, Crítica de Arte, Historia del Arte, Urbanismo y etiquetado como , , , , , , , , , , , , , , , . Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

3 pensamientos en “Urbanismo de Berlín tras la caída del Muro: camino a la globalización

  1. Y felicidades por el nuevo tema y diseño, David R. Muy bien organizado. Y de una manera muy estética! Un abrazo.

  2. Dudaba si alguien se leería toda esta parrafada…

    Gracias por lo del diseño, pero el mérito es de wordpress jaja

    Otro abrazo enorme!

  3. dhaliajanice en dijo:

    Saludos, interesante explicación del protagonismo urbano arquitectónico en la restauración del Centro de Berlín, felicidades.

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