Inventar pasajes mitológicos a partir de la actualidad en Grecia (Capítulo I)

CAPÍTULO I

   Tras la Gran Guerra contra los Titanes, la ley implantada por Zeus se aplicó con raciocinio. Los recién creados mortales rindieron pleitesía a las divinidades como gratificación por la labor diaria que estos emprendieron; la misma que permitió el eterno y cíclico baile entre firmamento y disco solar, y cuya consecuencia se tradujo en buenas cosechas para el abastecimiento humano.
Pasaron milenios en la Tierra bajo tales benévolas circunstancias hasta que el tedio y la costumbre se asentaron en los pescuezos de los que viven en el Olimpo, pero Dionisos no estaba dispuesto a seguir sufragando dicha rutinaria condena.

  El dios del éxtasis invitó a sus semejantes a una celebración sin igual, en donde se sirvió, como desinhibida sustancia, una bebida creada ex profeso para la fecha. Dionisos filtró a los sátiros una fórmula hechizante que sirviera como base compositiva del citado brebaje, teniendo los zoomorfos súbditos que realizar un peligroso viaje en busca de los ingredientes exactos: el fruto de la vid nacido en las volcánicas tierras de una perdida isla del Atlántico; el calor del fuego que desprenden las entrañas de un asesinado Prometeo; unos bellos pero crueles versos exhalados a través de los labios de Afrodita, cómplice de la trama; y el oro envenenado que el rey Midas ofreció a cambio de un suculento don.

  El banquete estaba servido, y las copas llenas del nuevo elixir. La música hizo el resto.
Finalizada la bacanal, el Panteón olvidó por completo su razón de ser, dejando de lado sus obligaciones como entes que rigen el funcionamiento del universo.
Ebrios de poder, hicieron gala de la codicia. La codicia llama a la avaricia, y la avaricia desprende el olor de la ruina. El plan dionisíaco en forma de líquido pervirtió el alma de los sempiternos dioses, haciendo que su nublada vista ya no pudiera distinguir entre la diké y la hybris, la justicia y la corrupción, el bien y el mal. Ignoraron los rezos de quienes en realidad hacen posible su existencia, incluso creyeron estar por encima del temido destino.

  Sin alimentos con los que nutrirse, sin agua que calme su sed, y sin la acción de Eros como motor fraternal, el pueblo transformó sus benévolas palabras en protestas malditas contra de los que una vez les otorgaron el sustento vital.
Los gritos de dolor e inanición jamás fueron escuchados, pues el embrujo del vino seguía corriendo por la divina sangre de éter, absolutamente ajenos los olímpicos a los males del mundo.

  Detrás de la ira, la indignación y la humillación del que es ignorado, en las polis griegas comenzó a despertarse un sentimiento de esperanza propio del ser humano; un rayo de luz que les ayudara a superar la situación. Se rumoreó que todo llegaba a su fin, pues un nuevo orden estaba por llegar, y que la caída del viejo Zeus y su trueno decadente ya se aproximaba. El boca a boca hizo que el bulo se convirtiera en noticia veraz, y de la veracidad, a lema de las casas reales.

  La fuerza física y moral de un pueblo hambriento, pero unido, llegó a percibirse por Deméter, la primera en despertar del encantamiento perpetrado por Dionisos en favor del libertinaje, el egoísmo y la ambición. Se propuso buscar a sus similares por todos y cada uno de los rincones del cielo, el mar y la tierra, siendo estos sorprendidos en sus nuevos y fútiles quehaceres con los ojos cubiertos por una fina de capa del dorado metal que Midas había cedido en su momento. Aún sin visión de la realidad, Deméter logró que acudieran a una improvisada asamblea.

  Zeus fue puesto en aviso: el populacho quería su cabeza. Mirando hacia otro lado, expuso a los que allí se congregaban que su mandato debía de mantenerse firme, al tiempo que su hijo predilecto, Apolo, propuso que los poderes fueran delegados a sus juveniles brazos, ya que con sus terribles flechas conseguiría doblegar a la humanidad en lo que él mismo denominó “un nuevo amanecer”. Pero la última palabra no había sido pronunciada.

  De entre los asistentes más alejados del trono de nubes eléctricas que Zeus ocupaba, surgió un cuerpo de atributos masculinos y femeninos a la par. –¡Aquí la podredumbre no para de heder!, exclamó. Sorprendidos y apabullados por la extraña irrupción, los dioses no pudieron hacer otra cosa que escuchar el foráneo discurso.
Hopetamia se hizo llamar, nacida de las lágrimas que Afrodita derramó sobre los campos, arrepentida por la traición, las cuales hicieron crecer aquella esperanza de índole mortal hasta que ésta devino en deidad.

  La poción de Dionisos había corrompido las mentes de las divinidades a tal profundidad que fue imposible ser revertida, por lo que el plan de Hopetamia tuvo que pasar del diálogo a la acción. Con ayuda de Deméter y Afrodita, ambas ya en plenas y vigorosas facultades, lograron encerrar en el Olimpo a los que habían perdido el juicio, clausurando sus fronteras con unas gruesas espinas que no paraban de aumentar en tamaño, alimentadas las púas por el odio de los que permanecían encarcelados en el interior.

  El pacto era razonable. Hopetamia dejaría en manos de los habitantes de las polis el futuro del Olimpo. Ellos elegirían a través de sus oraciones a su guía espiritual. Si Zeus o Apolo fueran los agraciados, los barrotes de origen vegetal se resquebrajarían, pudiendo poner en práctica sus ideas con total libertad. Pero si Hopetamia recibiera un mayor número de mensajes de clemencia, el cetro sería cedido a la humanidad.
Los papeles se tornarían, pues es el mortal el que tendría la facultad de destruir a la divinidad que no realizara con puntualidad su tarea, pudiendo ser sustituida por cualquier otra al instante. Para ello necesitan a Hopetamia; engendradora de las más honorables, cívicas y puras emociones que hacen evolucionar a la raza de carne y hueso en el sentido correcto.

  Con resignación, los afectados por la vid adulterada aceptaron a regañadientes el trato con Hopetamia, quien raudamente bajó a la Tierra a expandir el propósito.

David RafaelNoSanzio

(El próximo 25 de enero, día de las elecciones anticipadas en Grecia, será construido el segundo capítulo de este relato. Por supuesto, según los resultados de los comicios)

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Esta entrada fue publicada el 14 enero, 2015 a las 21:26. Se guardó como Crítica social, Relato y etiquetado como , , , , , , , , , , , . Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

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