Inventar pasajes mitológicos a partir de la actualidad en Grecia (Capítulo II)

  CAPÍTULO II

  Hopetamia descendió del Olimpo abrazada por la noche, además de ir equipada con todos sus atributos para que los mortales pudieran reconocer y, quien quisiera, darle culto a esta nueva divinidad del civismo y la causa social.
Sobre un escudo de simple latón irrumpió primero en Mileto, polis algo alejada del entorno ateniense. Con la espada que arrebató a Ares durante la trifulca en los Cielos, bien sujeta la empuñadura a su cinturón; la balanza que un día portó la ya nada justa Temis, convertido el objeto oscilante en armadura pectoral; y los cereales sin desgranar cedidos por Deméter apoyados en el brazo izquierdo, Hopetamia puso en conocimiento de la ciudadanía el pacto establecido con el antiguo Panteón.

  Uno a uno, los pueblos helenos fueron advertidos a través del mensaje oral de Hopetamia: −Con la primera luz de la mañana, vosotros, hijos de Prometeo y Pandora, lanzaréis plegarias al ser eterno que elijáis libremente para comandar vuestras vidas.

  Cuando Helios atravesó el horizonte, los humanos emprendieron su derecho. Por miedo o confianza ciega, Zeus recibió oraciones de misericordia por parte de aristócratas y altos cargos políticos de las distintas ciudades-estado. Apolo obtuvo el beneplácito de Delfos y la isla de Delos. Otras deidades como Deméter y Atenea también tuvieron sus palabras de invocación, pero el grueso de las aclamaciones fue a parar a Hopetamia, quien no tardó en tratar de poner en funcionamiento el “nuevo orden”.

  Los dioses de alma corrupta serían enviados al Tártaro; sepultados en el vacío hasta que la humanidad olvidara su existencia. Pero una piel de leopardo arrojada de improvisto al rostro de Hopetamia evitó, que la recientemente elegida Reina del Olimpo, infundiera la condena sobre los hechizados por la vil poción de Dionisos.
Artemisia, decente y pura, jamás aceptó la invitación a aquella bacanal que desembocaría en trampa, por lo que su mente nunca fue invadida por el oro y el vino envenenado. Permaneció inadvertida en los bosques, consciente de todo lo ocurrido, pero sin ser partícipe del embrollo divino hasta que no le quedó más remedio que actuar.

  Mientras Hopetamia se retiraba de la faz el tejido animal proyectado por sorpresa, comenzó a escuchar una cruenta voz que le increpaba: −Tú, insolente, nacida de la tierra húmeda y el pensamiento de las criaturas inferiores, harapienta y andrógina, ¿cómo te atreves igualar a mi padre y hermanos con los monstruos del Tártaro?

  La exuberante virgen de cabellos dorados apuntaba con su arco al cráneo de Hopetamia quien, en vez de desenvainar la espada, agachó la cabeza en señal de respeto. −Artemisia, me honras con tu presencia. Esperaba tu visita, le contestó Hopetamia, al tiempo que le devolvía la prenda.
La que versa con la luna bajó las armas para agarrar el telar moteado y ocultar su inexplorado pubis, dispuesta a mantener un diálogo civilizado.

  Hopetamia justificó su intención de sentencia con la petición popular. El pacto era irrompible e irreversible: la “casta” maldita debía caer a los infiernos para no regresar. Pero la hermana melliza de Apolo no admitiría el contemplar cómo los de su sangre daban con las fauces en el árido polvo que nubla el interior del subsuelo.
Con los globos oculares inundados por las lágrimas, Artemisia le propuso a Hopetamia un remedio, benefactor éste para ambos bandos: −Los que antaño dominaron los vientos, las nubes, el curso de los ríos y las mareas del océano, conservarán la vida eterna en la Tierra, eso sí, desprovistos de toda voluntad sobre los que respiran el aire con sus pulmones. A cambio de tu clemencia, yo te ofreceré mi mayor privilegio. Este vientre sin mancillar engendrará, con la contribución de tu semen, un genuino Panteón, hecho a tu imagen y semejanza, dotados con la virtud de la humildad, serviciales y preocupados por los mortales. Yo, Artemisia, abandonaré la compañía de las ninfas y mis canes protectores para someterme a tus órdenes.

  Hopetamia accedió a la promesa, pues necesitaba asistencia para el establecimiento y desarrollo de la Nueva Era, aunque fue incapaz de aprobar la sumisión total que Artemisia sugirió en un principio. −Si me proporcionas una digna prole, podrás seguir acicalándote en los lagos estancados de la más profunda arboleda, y tus fieras perrunas no quedarán sin líder de la manada. Con estas frases, Hopetamia dio por fijado el acuerdo, pero el caprichoso destino jugó sus cartas.

  Involuntariamente, Artemisia solo daba a luz a divinidades masculinas, quedando el mundo celestial gobernado únicamente por varones. Hopetamia, muy preocupada por la desdicha, comenzó a obsesionarse con la idea de que, llegado el momento oportuno, sus hijos acabarían por rebelarse contra ella cual ejército ebrio de virilidad.

Continuará…

David RafaelNoSanzio

(LA ACTUALIDAD GRIEGA SEGUIRÁ SIRVIENDO DE BASE PARA CONTINUAR EL RELATO. A LA ESPERA DE NOTICIAS FRESCAS DE LOS CAMBIOS POLÍTICOS PERPETRADOS EN ATENAS)

Link CAPÍTULO I https://estetica-del-arte.com/2015/01/14/inventar-pasajes-mitologicos-a-partir-de-la-actualidad-en-grecia/

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Esta entrada fue publicada el 3 febrero, 2015 a las 12:56. Se guardó como Crítica social, Historia del Arte, Mundo Antiguo, Relato y etiquetado como , , , , , , , , , , , , , , , . Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

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