Marian Heyerdahl. ¿Has visto a alguna mujer en el país de la Terracota?

  El título de la exposición puede llevar a equívoco, pues a “la mujer de terracota” también podemos encontrarla deambulando por las aceras marbellís en época estival, abrasado su rostro por el efecto de Lorenzo, y exaltada dicha tonalidad facial con maquillajes terrosos. El broche lo pondría un buen perfilado de labios, luego rellenados estos con carmines próximos al naranja neón.
Superficialidades aparte, Marian Heyerdahl aterriza por primera vez en nuestro país para mostrar uno de sus últimos trabajos. Comprometida con la causa social, la noruega rinde homenaje a esos sectores trágicamente olvidados en cualquiera de los conflictos en los que el ser humano es el protagonista: el sexo femenino y los infantes.

  La guerra es un asunto del varón, o por lo menos eso nos han enseñado los libros y los documentales que tratan el tema del belicismo en la Historia de las civilizaciones. La artista, hoy afincada en Italia, opina lo contrario, ya que la mujer ha tenido (y tiene) un papel de la misma relevancia que el otorgado al hombre en cuestión a las discrepancias entre semejantes.
Heyerdahl no solo aborda la contienda armada cual producto de la fallida diplomacia entre naciones o idearios dispares. El hogar es otro foco de violencia extrema en donde las féminas sufren el acoso y el maltrato, habitáculo igualmente ocupado por los niños, quienes viven de manera colateral el horror padecido por sus progenitoras.
Los menores, así como los que no han tenido la oportunidad de llegar a nacer, son interpretados como un acólito de las madres coraje, esas que por tradición los amamantan y protegen.

  Bombas adosadas al cuerpo, pechos cosidos a balazos, vientres mancillados, bebés que ya surcan la laguna Estigia, revólveres que se rinden y cárceles metafóricas. Todo ello se representa en el mundo sensible a partir del adobe empleado por Marian como material casi único.

  Son figuras de barro en distintos formatos, mayoritariamente a escala natural algo ampliada para potenciar el impacto visual que conlleva el contemplarlas, y en su conjunto inspiradas en el famoso ejército de terracota realizado en la Edad Antigua que custodia la tumba del emperador Qin Shi Huang cerca de Xi’an (China), precisamente, porque entre sus filas no aparece la mujer.

  Se sabe que originariamente estas esculturas que datan del 200 a.C estaban pintadas, por lo que Heyerdahl asimismo acude a la monocromía aplicada a no todas las piezas. Se concentra en el tridente que conforman el blanco, el negro y el rojo, eso sí, siguiendo sus propios códigos simbólicos. Mientras que, por ejemplo, la apariencia nívea en oriente es el color del respeto hacia los fallecidos cercanos −lo que viene a ser el luto−, la artífice coincide con el cristianismo al vincularlo con la pureza, tal y como ella misma afirma en una de las proyecciones incluida en el recorrido de “La mujer de Terracota”.

  El dolor y el espanto plasmado por Marian en las facciones de sus obras rememoran el encuentro fortuito de Medusa con sus damnificados. El barro cobra vida, paradójicamente desde la inmovilidad, como si nos encontráramos ante imágenes fotográficas venidas del pasado, pero portadoras de unos sentimientos atormentados que continúan causando estragos en la sociedad del presente.

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  Queda clara la pretensión de expresar angustia y desesperanza, lo que no vislumbramos con nitidez es el mensaje capital de reivindicación. Sus guerreras contemporáneas son demasiado fieles al modelo ancestral hallado bajo tierra, distinguiendo su sexualidad porque nos lo confirma la autora, además de por esas ligeras protuberancias que pretenden adoptar la silueta de unos senos bajo la ropa. Ausencia total de acidez, solo acariciada con el caballo antropomorfo en homenaje a la gran Frida Kahlo.

  ¿Era necesaria la producción de tantas tediosas estatuas por el simple hecho de emular a las más de 8,000 que forman el grupo desenterrado en China?
Por lo menos el montaje consigue reenganchar nuestro interés guardando sorpresas hasta el final.

David RafaelNoSanzio

Marian Heyerdahl, La mujer de Terracota. Espacio Cultural CajaCanarias, del 14 de abril al 15 de julio de 2015. Santa Cruz de Tenerife

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Esta entrada fue publicada el 25 abril, 2015 a las 13:01. Se guardó como Arte Contemporáneo, Arte en Canarias, Crítica Artística, Crítica de Arte, Crítica social, Exposiciones, Historia del Arte y etiquetado como , , , , , , , , , , , , , , . Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

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