Nombre: Petra Lázló. Profesión: destructora de sueños, periodísticamente hablando

   La Historia ha ido depositando en sus anales una cruenta colección de imágenes en las que se demuestra cómo el humano es un ser potencialmente peligroso para los miembros de su propia especie. Lo comprobamos en los relieves del antiguo Egipto, donde el rey sujeta al enemigo por el cabello cual escena simbólica de la opresión que recibiría todo aquel pueblo hostil que tratara de cruzar las fronteras faraónicas. Tampoco se disimuló a la hora de representar la expansión del cristianismo a base de hoja de cuchillo en época de conquista, ni siquiera el abuso perpetrado en etapas más próximas a la nuestra como la colonial. Asimismo lo vemos en la pintura de occidente, cargada esta de belicismo; el mismo germen que recoge la edad tecnológica con la grabación de la barbarie nazi y, posteriormente, con la captura del gesto despavorido de aquella niña vietnamita que huye herida y desorientada tras el impacto de una bomba propiedad de la aeronáutica miliciana estadounidense.

  El hecho de que hoy día tengamos a nuestra inmediata disposición aparatos que permiten la obtención de fragmentos “robados a la realidad”, han hecho que las imágenes de violencia entre semejantes se conviertan en un agente constante y rutinario, logrando que estas pierdan la fortaleza de impacto que antaño el individuo sufría en sus carnes ante la brutalidad y la injusticia ajena.
Esta teoría, hija de la modernidad, en la que se vislumbra el trágico destino de la raza como entes vacíos de empatía y sensibilidad, perdió su cimentación hace un par de días cuando, gracias al efecto viral de las redes, la comunidad internacional quedó indignada al contemplar a la señora (por denominarla de alguna manera) Petra Lázló ofreciendo al mundo a través de las cámaras de sus compañeros de profesión la peor de las facetas que posee el mortal .

  Que su nombre no lleve a equívoco, pues lo comparte con uno de los artistas húngaros más grandes de todos los tiempos: Lázló Moholy-Nagy. Esta coincidencia en nimia, ya que de forma exacerbada difieren en el tipo de legado que las citadas personas han dejado para la posteridad. Uno como impulsor de la fotografía artística y experimental de los años 20, así como generador de excepcionales abstracciones geométricas plásticas y profesor de la mítica Bauhaus. La otra será tristemente recordada como una reencarnación de Adolf Hitler que ejerce su poder en los lindes del gueto de Varsovia.

  Petra Lázló, quien se hace llamar periodista, cambió su acreditación de prensa por un carné de las SS adquirido en el campo de batalla. Su deseo de pertenecer a la todopoderosa sangre aria la obnubiló, hasta el punto de querer transmutarse en la nueva Leni Riefenstahl, cometiendo el lamentable acto que le propició fama interestelar sin siquiera soltar su herramienta mecánica de trabajo. Es de suponer que igualmente fue galardonada con la medalla de oro en los Juegos Olímpicos berlineses del 36, pues la flexibilidad y rapidez de sus piernas en el momento de abatir al contrario la hacen sospechosa de ser integrante de la Federación de Karate de su país.

  Sus declaraciones tras el suceso y el consecuente despido laboral la delatan como un animal cobarde que aprovecha la confusión del momento para llevar a cabo sus pretensiones poco humanitarias. Ella misma se desmarca de la xenofobia amparándose en la profesionalidad, pues lo que pretendía no era obstaculizar el ansia de libertad de los refugiados, sino obtener unas buenas instantáneas de la estampida. Es como revivir los juicios de Núremberg, donde los altos cargos del partido de la esvástica confesaron no saber qué ocurría en los campos de concentración, cuando realmente recordaban dar la orden de cerrar las puertas de las cámaras de gas.

  La oposición al Gobierno ultraderechista no se satisface con el cese de empleo impuesto a Lázló, pidiendo a la Justicia una pena de cárcel para esta Goebbles de sexo femenino en potencia. Invitemos a la fiscalía que lleva el caso de la cantante Isabel Pantoja a tierras húngaras para juzgar a la “cronista”, pues el planeta entero espera una condena ejemplarizante para este despojo social escondido tras el cuerpo de una mujer.

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Esta entrada fue publicada el 10 septiembre, 2015 a las 10:21. Se guardó como Crítica social y etiquetado como , , , , , , , , , , . Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

2 pensamientos en “Nombre: Petra Lázló. Profesión: destructora de sueños, periodísticamente hablando

  1. ¡Desgraciadamente nunca apredendemos de los errores! La deshumanidad nos llevará a todos a la ruina..

  2. Emilia Silva en dijo:

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